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miércoles, 27 de julio de 2011

Parte: XXII. Viajando a Plutón


Lo único seguro en su vida es que iba a morir. Poco a poco los pilares de su existencia se habían ido derrumbando, a medida que se daba cuenta de que el mundo era una absoluta farsa de mal gusto, manejada por titiriteros y protagonizada por muñecos de trapo, cada vez más podridos y cada vez más prescindibles. Por eso llevaba la vida que llevaba de total escepticismo, frustrada pero a la vez exprimiendo al máximo cada instante, cultivándose como persona y no como instrumento y con un único fin… quemar como fuera y estuviera a su alcance aquel teatro, a lo Tarantino en "Malditos Bastardos".


A través de la literatura que estudiaba, podría integrarse en el sistema como una más, para destruirlo por dentro como un pequeño y lento cáncer tanto como fuera capaz, al menos algún alumno aprendería algo de ella o mantenía esa esperanza, tal vez llegase demasiado tarde y aquellos niños o adolescentes ya tuvieran demasiadas ideas equivocadas pero arraigadas en sus tiernas mentes, todo fruto de la televisión y la influencia del consumo y el bienestar, claro está… pero a ella le daba igual, mejor eso que estar sentada resignándose.


Con eso, más su acción literaria no altruista tenía la esperanza de algo, si le añadimos la música y su actividad revolucionaria (en todos los berenjenales estaba metida) el mínimo éxito estaba asegurado. No era como Ades, que se limitaba a la vida contemplativa, esperando que las cosas cambiaran por acción infusa, esperando que se cumpliera lo que dijo Marx en su día, o a que el sistema cayera por su propio peso.


Ella no creía en eso, no creía en el sistema, no creía en la política existente, ni en el comunismo ni mucho menos en el capitalismo, el sistema político justo aún estaba por inventar, es más, el sistema político justo, era aquel que no existía.

Ella era como una pequeña pero molesta abeja que aguijoneaba y daba donde dolía. Pero eso no significaba que a veces no le pudiera el desánimo, la apatía y la indiferencia, que a veces no creyera que era demasiado tarde y que ya nada podía hacer, que habían ganado… ellos movían los hilos y ella vivía en ese teatrillo endeble que habían construido.

Por más que quisiera, estaba rodeada de su decorado y no podía escapar, estaba sujeta a sus leyes, normas estúpidas… y a veces le tocaba agachar la cabeza cual perrito manso y guardar el escozor del arañazo para quizás cobrárselo en un futuro.

Por eso quizás esa noche, por ese sentido de frustración con el que había salido de la consulta del psicólogo se colocó tantísimo, por eso y porque veía que sí que tenía un fin en la vida, aunque ese fuera acabar con todo, que vivía en ese asqueroso teatrillo de guiñol como una más que, el psicólogo no andaba tan desencaminado: “¿Eres consciente de que eres una más?”… esa pregunta no tan retórica le quemaba la sesera, a pesar de la droga que la embotaba y la hacía volar hacia la nada más absoluta.

-¿Qué haces aquí Ares? No te he escuchado entrar…


-No me has esperado… empiezas la fiesta tú sola.

-Aún estás a tiempo… aún no he conseguido llegar a Plutón –rió, una risa nerviosa y sin fuerzas, de esa que te da cuando la droga te inmoviliza y hace tus movimientos tan pesados como el plomo.

-¿Qué esperas conseguir con esto? –sus ojos grises y tristes la miraban con aún más tristeza.

-Sabes lo que espero… escapar de todo.

-¿Incluso de mi?

-¿Y de mí? –preguntó una voz, se oía lejana, desde la puerta del habitáculo, no tenía fuerzas para enfocar la vista, pero sabía que era ella.

-Helena ¿Cuándo has llegado?

-Nunca me he ido.

-No entiendo nada…

-¿Qué haces? –preguntó desde la puerta, acercándose, los ojos de Ades seguían clavados en ella y lloraban.

-Volar…

-Pero yo quiero que estés aquí –sollozó.

-No… yo quiero alejarme ¡Dejadme en paz! ¡Iros de aquí! ¡No quiero veros! ¡No intentéis retenerme! Tan solo quiero volar…
-Quédate –esos ojos nunca habían estado tan tristes, ni tan cristalinos, en cierta manera le conmovieron, sería una buena imagen para plasmar en un lienzo… no quería que su mente emponzoñara también esos ojos.

-No puedo…

-Quédate…

-Lo siento…

-Solo te disculpas cuando estás medio muerta, colocada o medio borracha, que viene a ser lo mismo.

Abrió los ojos con pesadez… se sentía mareada, le costaba mantenerse despierta, Morfeo la llamaba con demasiada insistencia y los planetas giraban en su cabeza con una turbulencia brutal que la absorbía, que la abducían… y vio que estaba sola… había tardado demasiado en su viaje a Plutón y ellos se habían esfumado, lloró porque no la habían esperado.

-He nacido para morir… por eso no pido más disculpas.

domingo, 24 de julio de 2011

Parte: XXI. Me ha comprendido y no le gusta


-¿Estabas cansada de buscarle un por qué a todo?


-No… ese día tenía las respuestas a cualquier por qué.


-¿Por la droga?


-No… porque estaba inspirada.


-¿Qué sientes cuando… “estás inspirada”?


-¡Oh! Es como un chute de heroína pero minimizado… sientes como un pequeño placer, similar al orgasmo, estimula tu mente cuando escribes y le das al papel todo aquello que quieres que permanezca en el tiempo, que tu mente no corrompa.


-¿Por qué tienes la idea de que tu mente lo corrompe todo?

-No es MÍ mente… es LA mente.

-Lo siento pero no te entiendo.

-¿Sabe por qué lucho contra el mundo? ¿Por qué soy como soy?

-Es lo que llevo intentando averiguar desde nuestra primera consulta –resopló el psicólogo, algo que le causó gracia por algún extraño motivo.

-Porque no me gusta… no me gusta que intenten controlarnos desde todas partes: desde la información que nos llega, a la educación, la moral en la que nos educan nuestros padres, la sociedad, la propia cultura, las leyes y normas estúpidas solo nos reprimen. El mundo nos agacha y nos da por el culo y nosotros no nos levantamos indignados porque nos hayan violado, sino que parece que nos gusta porque… nos dejamos.
No sé qué me da más asco si el conformismo de la gente que se deja controlar por un poder dictatorial y nauseabundo o la hipocresía de los que creen que son libres aún sabiendo que tienen las mismas cadenas que el resto. Las personas ya no son entes singulares, únicos… son copias unas de otras, alienadas por los mecanismos de este sistema que tanto me repugna y me daña.

-Todos vivimos bajo ese sistema y no todos hacemos lo que tú haces, es así. ¿Crees que comportándote como lo haces vas a cambiar algo? ¿Eres consciente de que eres una más?

-¿Ve? Es una auténtica lástima… hacen de vosotros exactamente lo que quieren: conformismo, para que las cosas no cambien, para que las cosas sean siempre iguales… los tienen completamente adoctrinados y embobecidos, si esa palabra existe… os tienen completamente anulados.

Vuestra voluntad, no es vuestra, vuestros pensamientos, no son vuestros, vuestros sentimientos no os pertenecen y vuestro cuerpo es una moda. En realidad el que es uno más… es usted, no yo.

¿Por qué le resulta tan desconcertante mi comportamiento? Porque no es el que ellos quieren que sea… no pienso como ellos quieren que piense, no siento lo que ellos quieren que sienta, mi vida no se fundamenta en unos principios, meros utensilios para poder controlarme, manteniéndome mansa, reprimida, con miedo…

Yo vivo la vida sin ese miedo, sin ese control, sin esa alienación, según mis principios y mi código moral, no el que ellos me hacen ver como único y verdadero. Pienso lo que la vida en su curso imparable me ha llevado a pensar, evolucionando según la experiencia y el conocimiento, no de lo que ellos quieren que conozca, sino de lo que me he preocupado yo solita por conocer.

Es por eso que no me comprende, no puede “salir” de su puesto en la sociedad, desmarcarse de su realidad que es tan solo una ilusión, es demasiado violento para usted enfrentarse a tantas mentiras a estas alturas… vive con miedo de la verdadera realidad que sabe perfectamente que yo encarno.

-¿Verdadera realidad? ¡Pero qué de sandeces dices! ¿Cómo puedes estar tan paranoica? –se alteró indignado, ella se limitó a sonreír comprobando con esa acción que le había dado donde le dolía- ¿Consideras verdadera realidad colocarte a casi todas horas? ¿Estar follando sin control? ¿Viviendo sin una meta en la vida? ¿Consideras la verdadera realidad ese mundo de fantasía ideal en el que vives? Solo escribes, y piensas en cosas sin sentido que no te llevan a ningún lugar, gastas tu vida consumiendo drogas, despreciando a tu familia, tus amigos… sin labrarte un porvenir, tan solo viviendo del cuento, en un mundo creado a partir de una mentira que tú misma te crees… ¿Eso es el mundo real?

-Es el mundo real que usted ha olvidado, el mundo de lo irracional, los impulsos y la apetencia; el mundo de lo subjetivo; el mundo de la persona individual, única y singular, no del clon insustancial y universal. Os aterroriza que vuestra mente quiera volar, que vuestra mente quiera ser infiel o colocarse, os asusta no tener un futuro claro, os asusta no “ser útiles a la sociedad” cuando lo que debería asustaros es no ser útiles a vosotros mismos ¿Cuándo perdisteis el sentido del hombre, de la vida? ¿Cuándo os perdisteis en ese espejismo desértico?

-¿Cuándo te perdiste tú en tu utopía?

-Siempre he estado perdida, pero no en mi utopía, sino en este mundo, que no es el mío.

miércoles, 22 de junio de 2011

Parte: XX. Inspiración



Las palabras salían de su mente y le corroían las neuronas a su paso, las quemaba como si se tratase de lejía, pero también las dejaba limpias y desinfectadas de toda la podredumbre que empezaba a emponzoñar su cabeza.

Escribía de una forma impulsiva, casi obsesa, automática, sin pensar demasiado, la razón tan solo limitaba… la razón volvía lo puro, impuro y la belleza solo un reflejo de lo que la mente concebía en su sagrada autonomía.

Aún sentía el calor de su cuerpo en las
yemas de los dedos, la presencia entre sus piernas y el olor en su piel. Escribía sin parar, no podía dejar que la inspiración se esfumara… y él, en la cama, la miraba con esa media sonrisa que le caracterizaba, siendo consciente, viendo, palpando casi los mecanismos de aquella mente que se afanaba por verter en el papel todo lo que sentía o no sentía, quién sabe… después de todo el amor no estaba diseñado para ellos.

Sacó del cajón de sus bragas lo que necesitaba, un espejo en el que se reflejaban sus ojos grises, había veces que le daban miedo, no por el color, sino por el vacío que le trasmitían… dejó de pensar y sacó la coca del bolsillo, preparó dos rayas, una para ella y otra para él, que esnifó enseguida. Ella ahora releía lo que había escrito con una sonrisa satisfecha que delataba su ego…

-Eres mi muso ¿Lo sabías?

-Algo intuía sí… -afirmó él con ese pragmatismo que le caracterizaba- toma.

-Mmmm ¿Desde cuándo estás así de generoso?

-Te hice caso, el otro día vendí un cuadro, esta es mi forma de darte las gracias supongo.

-Tú solo das las gracias o cuando estás medio muerto o cuando estás borracho o colocado, que viene a ser lo mismo –lo miró y sonrió con ironía- vale estás colocado –se acercó el espejo y con el billete que él le brindaba la coca llegó a su cerebro.

De repente le sorprendió un beso de la nada, fuerte, rudo y apasionado, húmedo y excitante…

-Aún no estaba colocado –la llevó a la cama de nuevo, aún seguían desnudos.

-¿A no? –Rió ella- ¿Me dabas las gracias en serio?

-mmm sí –rió él.

Los dos rieron y se tumbaron en la cama, en sentido inverso, como solían… luego, tan solo se perdieron en las estrellas, no de la droga, sino en las del techo de su habitáculo.

-¿Cuál es tu preferida?

-La osa menor –le contestó.

-¿Por qué?

-No… hoy los por qué han dejado de existir.


viernes, 10 de junio de 2011

Parte: XIX. Síntesis



Recorrieron los bares más oscuros, pasearon por los lugares más sórdidos y se encontraron a sí mismos adormilados en el lodo de la incoherencia. Vivían únicamente para experimentar, experimentar consigo mismos en diferentes situaciones, explotar al máximo sus sentidos y sus sensaciones, sus emociones para luego plasmarlas en arte, escrito, musical o a través de los colores o, mejor dicho, de la ausencia de ellos.

Su vida se había convertido en una vorágine autodestructiva y pasional que los subyugaba a sus instintos e impulsos, al aquí y ahora… su vida solo servía para ser analizada después de cada acontecimiento y plasmada en algo, lo que fuera, que perviviera de formas más fiel que el recuerdo, que a menudo nos engaña con escenas añadidas y tomas falsas.

Su cuerpo era algo similar a una cobaya y el espacio, el tiempo, las situaciones y las personas tan solo eran los diferentes factores que iban variando en el experimento… aquellas variables que eran necesarias en todo análisis que se precie.


Sus mentes tan solo ansiaban el conocimiento, el conocimiento intrínseco de la vida, ese conocimiento que asustaba a la sociedad y que la propia sociedad ocultaba por apolítico, poco ortodoxo y peligroso ¿Qué pasaría si todas las personas del jodido mundo se subyugaran a sus instintos más básicos? ¿Qué pasaría si todas las personas se guiasen por corazonadas, instintos, apetencias e impulsos? ¿Qué pasaría si lo irracional fuera lo aceptado y lo racional tan solo una mosca cojonera detrás de la oreja?


Sus mentes no habían nacido para ser presas de un sistema, ni de unas normas cívicas ni mucho menos morales; sus mentes eran demasiado libres como para atenerse a una rutina, a un horario; sus mentes eran demasiado curiosas para conformarse con la realidad establecida y demasiado revolucionarias, libertarias y tocapelotas para aceptar todo lo que les decían.

Ellos habían nacido para eso, para demostrar al mundo que lo racional es tan fútil como el impulso pero que sin embargo, el resultado de este, era mucho más pleno y permanecía mucho más en nuestro interior que todos esos pensamientos racionales limitados a normas, leyes, números, deberes y responsabilidades.



El ser humano era demasiado grandioso para limitarse de tal forma, el ser humano necesitaba esa libertad la cual, día a día, moda tras moda, ley tras ley, innovación tras innovación, le estaba siendo arrebatada, esa libertad que el conformismo estaba transformando en una verdadera utopía.


La libertad primitiva de crear por crear, no conforme a un fin; de vivir para vivir, no para morir en vida… el ser humano tenía la necesidad de volver a sus orígenes, de olvidarse de las modas que los alienaban, de la política que los adoctrinaba en el conformismo, de la religión que los consuela hipócritamente, del arte que no es arte… solo una basura estereotipada y motivada por el dinero, el arte ya no reflejaba al ser humano más bien era el burdo amparo intelectual y oxigenado de lo que se había convertido el ser humano, dinero, simpleza, alienación.


Ellos quería resucitar el arte y con ello demostrar al mundo que, al menos en sus cuerpos experimentales, el espíritu del ser humano seguía vivo, que su arte reflejaba su alma, como el retrato de Dorian Gray sus pecados, que sus motivaciones no eran el dinero, la fama o las influencias, sino el arte por el arte, la vida por la vida… ellos demostrarían al mundo que el hombre irracional seguía vivo.

lunes, 6 de junio de 2011

Parte XVIII: sentimiento estético


Estaban en casa de Ades, tumbados en el sofá y hablando mientras picoteaban unas patas fritas. Habían apagado la televisión por ruidosa, innecesaria y mentirosa y habían estado tocando un rato, ahora hablaban mientras Ades le ensañaba sus últimos dibujos en el bloc.

-¿Por qué no pintas sobre lienzo?, así te limitas demasiado.
-No tengo dinero –se encogió de hombros- a ver si sale algún bolo con el grupo y puedo conseguir algo.
Ades tenía su propio grupo, muy oscuro, Hard Rock de la antigua escuela, duro y sin remilgos. Eran cuatro contando con él, (vocalista y guitarra rítmica), tenían más experiencia y estaban muy rodados, eran de los mejores de la comunidad y era extraño que no tuvieran actuaciones.


-Hace mucho que no tocáis.

-Últimamente no me siento inspirado.

Ellos eran así, no tocaban por dinero, esa era la diferencia entre ellos y el resto. Ellos tocaban por vocación y por necesidad personal, cuando esa necesidad no existía… no se tocaba, así de claro.


-¿Y eso? ¿Qué te ocurre?

-No encuentro… motivación. Sino mira lo último que he pintado, es una auténtica mierda.


Su últimos dibujos eran más oscuros de lo normal, más intrínsecos, más caóticos, sin un tema definido, solo líneas y figuras grotescas.


-Pues yo lo encuentro bello –Ades rió, y le dio un ligero cabezazo.

-Tú tienes un concepto extraño de belleza.

-No… -rió ella- tú tienes un concepto demasiado poco extraño. Tan complejo para unas cosas y tan simple para otras.

-Es parte de mi contradicción –ella le mordió en el cuello y él rió.

Tomó sus dibujos y los estuvo pasando uno a uno lentamente. Los primeros eran más claros, oscuros igualmente, pues su arte era oscuro y expresionista, torturado, decadente, caótico, pero dentro del caos ordenado… los últimos dibujos sin embargo, eran excesivamente caóticos, sin ningún tipo de pauta reseñable, eran demasiado oscuros y demasiado pesimistas, demasiado cerrados en sí mismos, no existía luz ni una ventana de salida…

-Me agobian.

-Yo los detesto.

-Pues a mí me parecen bellos.

-¿Por qué? –rió él.

-Pues porque expresas precisamente lo que te pasa. Falta de inspiración, de motivación… agobio por ello, una tenaza te presiona la mente, necesitas crear pero no puedes… eso te frustra y te cabrea y… te entristeces.

-Para lo único que valgo y no soy capaz.

-No es para lo único que vales, no me vayas de pesimista –rió ella.

-Cierto –rió él también.

-Me parecen bellos por el mero hecho de que son todo lo contrario a lo que se considera bello.

-Nunca lo había visto así –reconoció entre dientes- no hace falta que me halagues el oído que con eso solo me siento peor.


-¿De verdad piensas que estoy haciendo eso? ¡Aún no me conoces! Siempre digo lo que pienso y de estos dibujos pienso eso –fingió estar dolida, él sonrió- mira esta sociedad solo considera bello, lo perfecto, equilibrado, la técnica y el significado, el nombre y la situación… yo considero bello lo que mueve al artista a pintar lo que pinta, a tocar lo que toca, a cantar lo que canta, bailar lo que baila… es bello el sentimiento de frustración en las pinceladas, aunque estas no sean técnicamente perfectas ni gocen de equilibrio; es bella la tristeza y la desesperación, la pasión y la represión, es bello… es bello todo aquello que no se considera bueno y que pocos se atreven a pintar, a tocar, a cantar, a bailar…

-Los sentimientos políticamente malos.


-Los sentimientos que teme todo el mundo, pero que todo el mundo experimenta y con los que todo el mundo se siente identificado. Esta pintura, sin ir más lejos –eligió una de las últimas- yo me siento identificada con ella, excitación, frustración, desamparo, tristeza, rabia… es más… como siempre me voy a los extremos y considero más bello un sentimiento torturado que un sentimiento puro.

-¿Por qué? –preguntó con franco interés, él le taladraba la mente con sus profundos ojos tristes.

-Porque esa belleza es casi desconocida. Todos o la mayoría de los artistas exploran y explotan los sentimientos que se consideran buenos, las sensaciones, los pensamientos… pero ¿Y los que se consideran malos? ¿Políticamente incorrectos? ¿Qué pasa con ellos? Nadie se atreve… solo unos pocos y esos son los que triunfan, sino mira a Shakespeare, a Dalí…

-Nunca lo había mirado desde esa perspectiva.

-Es mi sentido de la belleza. La belleza al contrario de lo que cree todo el mundo no está pensada para agradar, sino para desasosegar, inquietar a quien la contempla.

-Eso que dices es muy bello.

-Tienes que encontrar tu propio sentido de la belleza, el mío es ese. A mí me parece mucho más bello el dibujo de una piel anciana que el dibujo perfecto de una Venus, me parece mucho más bello el libro que habla de los celos, las bajas pasiones y la traición que el que habla de un sentimiento de amor puro, eterno, y fiel. La fidelidad no existe.

-La belleza sí.

-¿Qué es para ti la belleza entonces, después de todo esto?

-Siempre he considerado bello las cosas oscuras, las cosas a las que el resto de gente no consideraba bellas, en parte es casi lo mismo que tu… solo que yo también aprecio la belleza perfecta, la pureza.

-Pero la pureza dentro de lo imperfecto o, mejor dicho, de lo considerado imperfecto ¿No?

-Sí... se podría decir así, porque después de todo la oscuridad se considera algo imperfecto, lo perfecto es la luz.

-Entonces sí… pensamos parecido.

-Tú me pareces bella –rió él y la miró con ojos chispeantes.

-¿Por qué? –preguntó ella juguetona.

-Porque eres políticamente incorrecta, oscura, imprevisible y con una pureza dentro de lo que se considera imperfecto.

-¿Soy la síntesis de tu teoría estética?

-Algo así –rió él.

martes, 17 de mayo de 2011

Parte:XVII. Enseñando a ser humano




-¿Me estás diciendo que llevabas esa vida de desenfreno solo porque el mundo te había decepcionado?


-No solo el mundo, también las personas. Usted como psicólogo debería saberlo y seguro que lo sabe, pero como todos lo ignora.


-No, no lo ignoro. He tratado con drogadictos, alcohólicos, enfermos mentales, maltratadores y maltratadas, con asesinos y con víctimas… sé de qué clase de personas está repleto del mundo.


-No, no lo sabe… tan solo los etiqueta, los analiza y les dice su problema. Usted es un drogadicto, le gusta demasiado la heroína; y usted un maltratador, no sabe lo que es el amor sin la violencia y usted… usted es un esquizofrénico, tómese estas pastillas y le irá mejor… eso es lo que hace: detecta un mal y pone remedio, pero en absoluto empatiza con las personas que acuden a usted.

-Si empatizara con todos mis clientes yo mismo me volvería loco.


-Pues ahora me entiende… me he vuelto absoluta y rematadamente loca.


-¿Y por eso haces lo que haces?


-¿Ve? Está buscando un detonante, un problema derivado para ponerle solución. Siento decirle que yo no tengo solución, no soy una persona más que pueda analizar o tal vez sí… pero así nunca me va a ayudar… aunque, pensándolo bien tampoco quiero que me ayude, todos estos años he sobrevivido sin ayuda.


-Cómo puedo ayudarte entonces, según tú.


-No con sus métodos desde luego, intente ser más humano, menos profesional, deslíguese de sí mismo o mejor dicho, de su status profesional e intente comprender mi conducta.

.
-Me estás diciendo cómo tengo que trabajar.


-Es exactamente lo que estoy haciendo.


-¿Por qué, si no quieres que te ayude?

-Porque quiero que alguien con autoridad me comprenda y luego explique el por qué de las cosas que hice.


-¿Para qué?


-¡Oh! Cosas de mi mente enferma autodestructiva y viciosa, no se preocupe, cuando logre empatizar conmigo lo comprenderá, aunque quizás sea demasiado tarde.


-Desde luego eres un reto para mí, nunca en mi carrera profesional me he topado con un sujeto como tú.


-No me llame sujeto, y olvídese de su estúpida carrera, empiece a ser humano y así será mejor persona y mejor profesional.


-¿Estás tratando de enseñarme?


-No, es solo un consejo. A mí me ha ido bien.


-Sí ya veo… por eso estás aquí.


-No estoy aquí por eso, estoy porque quiero, si no quisiera no estaría aquí.


-¿Me tengo que sentir alagado entonces? –ella sonrió, le encantaban estos duelos dialécticos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Parte: XVI. Persona prescindible

Ella se sentía como un títere del destino, como una marioneta de rasgos burdos que a nadie importaba, como un desecho que a nadie interesa, siquiera para reciclar. Ella era lo que denominaba, una persona prescindible, una persona prescindible es aquella que puede salir de la vida de los que la rodean y nadie se daría cuenta ni la echaría de menos. No sabía si era así realmente o tan solo era lo que veía a través de su velo de amargura que, a veces la cegaba tanto y la obcecaba de tal manera en la negatividad, que no veía más allá, que no veía titilar las luces en el horizonte, aunque fueran tan enormes como un faro incansable que luchaba porque no naufragara.

Pero ella siempre naufragaba, hacía recuento de su vida y se daba cuenta de que no tenía nada, no sabía muy bien por qué, quizás por su vida disipada, quizás porque realmente nunca había querido tener nada, hacía demasiado daño. Costaba desprenderse de lo bueno, pero qué rápido se acostumbraba uno, ella sin más evitaba ese desprendimiento no teniendo nada bueno.

Había veces en las que se preguntaba por qué era así, por qué era tan negativa, por qué no era capaz de arriesgarse a pesar de quizás pasarlo mal… nunca llegaba a ninguna conclusión, tal vez el pasado, que la asfixiaba, tal vez… el futuro que la desquiciaba o tal vez… tal vez ella no había nacido para eso.

Ella no era capaz de expresar el amor a una pareja, el cariño a una amiga o a la familia, no era capaz de llevar una relación, no se le daba bien estar con los demás, era demasiado individualista quizás, o tal vez tan solo asocial. No veía los convenientes de estar siempre o la mayoría del tiempo rodeada de gente como parecía ansiar el resto del mundo, ella prefería sumergirse en su mundo y dejarse acunar por las palabras de su mente… ella no era capaz de decir te quiero, pero si de cantarlo aunque, tal vez, el destinatario no tuviera la suficiente inteligencia de descifrarlo, inteligencia no, sensibilidad.

Ese era su problema, la sensibilidad, todos sus problemas venían acarreados por la sensibilidad. De toda la vida las cosas le afectaban el doble, tanto las que le pasaban a ella como las que le pasaban a otros, sí puede que a ella nunca la hubieran traicionado pero, si lo había visto en otros ya lo temía... temía ese dolor.

Ese era su problema, que huía de todo aquello que perturbaba su caótica tranquilidad, ella no quería comprometerse pues no quería dañar ni ser dañada, ella no quería tener amigos pues no quería traicionar ni ser traicionada, ella no quería pensar en el futuro, para qué… si ella había nacido para morir… ella solo pensaba en el aquí y ahora, en satisfacer sus necesidades y mantenerse a salvo del mundo, ese que, en otros tiempos, la hizo tanto daño a ella y a los que estaban a su alrededor, ese del que ahora huía con todas sus fuerzas pero con el que siempre se reencontraba de vez en cuando.

lunes, 25 de abril de 2011

Parte: XV. Sentimiento de grandeza


Y entonces llegó el desfase. Todas las emociones junto con, lo más importante, el sentirse realizada y por un instante incluso admirada, le hacía creer que no tenía límites, eso, con la ayuda de las drogas, el alcohol y la excitación por las nubes hacía una carga explosiva que tenía como contador toda una noche entera que se le presentaba ante sus dilatadas pupilas como un manto de posibilidades a cada cual más promiscua, divertida y extrema.

No podía dejar que todas esas sensaciones y emociones que había logrado recopilar con frenesí en el escenario desaparecieran de su cuerpo con igual frenesí, sería un auténtico desperdicio, quería seguir sintiéndose así, imparable, dominadora, incombustible, triunfadora y admirada…

Celebró con sus compañeros de grupo el buenísimo concierto que habían dado; alcohol, hablar, reír, bailar y escuchar buena música eran los ingredientes perfectos, eso más toda la gente que se acercaba a saludarlos, les hacía sentir importantes, como pocas veces en sus vidas, ellos que supuestamente eran unos fracasados ahora eran los reyes del mambo.
-Vente conmigo por ahí –le decía Irún al oído.
Ella rió, aún era demasiado pronto para tirar de cantera, ella prefería sangre fresca para aquella noche, pero tampoco declinó su oferta, por si acaso.
-Luego hablamos, tengo que saludar a gente.
La habían venido a ver muchos conocidos de la ciudad, pero también bastante gente nueva, empezaban a ser reconocidos, como los locos del Glam Metal. Desde luego habían innovado la imagen musical de la ciudad que hacía años estaba estancada en el rock urbano y el heavy que nunca llegaba a nada.
-¿Cuándo tenéis el próximo concierto? –le preguntaba un chaval, estaba interesado en ella, en el escenario le había visto absorto, completamente ido o por las drogas o por ella, que en parte cuando estaba allí arriba era una especie de droga para las retinas.
-Dentro de quince días, en la sala Metalarium de Badajoz.
-Eso está bien ¡Allí estaré!
-Eso espero…. Tráete a gente si quieres.
-Veré que puedo hacer… -le susurró al oído pero ella le apartó, no le interesaba él precisamente.
-¿A ti también te ha gustado? –le preguntó a quien le acompañaba.
-¡Sí! Habéis estado geniales, tenéis muy buena puesta en escena y…
-¿Quieres una copa? Invito yo –sus miradas se cruzaron y sus ojos fueron lo suficientemente expresivos para decir todo aquello que le quería decir.
-¿Unos chupitos de Absenta? –le retó con sus iris color azul cielo.
-Unos chupitos de Absenta
Sus ojos azules se cerraban cuando la besaba, no sabía si por el peso del alcohol en ellos o por simple romanticismo, si es que el romanticismo existe en los líos de una noche. Se habían ido a la casa de Ana (la chica del Absenta), economía del paseo, simplemente caía más cerca y la excitación no entendía de largas distancias que recorrer.
Se habían desnudado con rapidez, su piel era suave como un melocotón y sus labios extremadamente dulces y más gruesos que los suyos. Su lengua era inquieta, escurridiza y la excitaba mucho, sobre todo cuando andaba por aquellos recovecos que nunca habían sido explorados por otra mujer.

Ella tocaba sus pechos sabiéndolo como hacer y estimulaba sus genitales dándole en el punto justo, era verdaderamente excitante oír gemir a otra mujer, tan cerca, en el oído, provocándola… se escurría entre sus brazos y jugaba al pilla pilla con su boca, la cogía desprevenida con sus caricias, más y más brutales a medida que avanzaba la noche. Las dos acabaron masturbándose mirándose a los ojos y gimiendo sin vergüenza, explorando sus cuerpos como si todo para ellas fuera desconocido…
Si… las emociones del escenario aún estaban a flor de piel ¿No?


martes, 19 de abril de 2011

Parte: XIV. Concierto

Los focos le quemaban en la nuca, el humo en parte le agobiaba, pero era parte del show. El pesado cinturón de balas se le caía un poco, había vuelto a adelgazar. Llevaba puesta su camiseta de Skid Row y los vaqueros rotos y desteñidos con lejía, más las botas militares… todo ello le otorgaba una auténtica presencia en el escenario, la cual acompañaba con sus idas y venidas sobre las tablas y con su interacción con los guitarristas.

Irún le ponía verdadero sentimiento y se marcaba unos buenos solos compartidos con Karlos. Fede aporreaba la batería sin descanso y Ángel movía su melena al ritmo de las notas de su bajo. La puesta en escena era espectacular pues la acción se repartía por todo el escenario y era imposible quedarse mirando a un solo componente.


A ella la adrenalina ya le inundaba el cerebro, sentía que poco a poco se iba acercando al éxtasis que tanto ansiaba, ese que tan solo podía obtener encima del escenario con un micro en la mano, ese que solo le proporcionaban las caras de la gente enajenadas por su música, totalmente absorbidas por el ritmo, enamoradas y enloquecidas con la letras… sí estaba llegando al éxtasis.


Y es entonces cuando el hilo se rompe
Y caigo al vacío
Y el vacío me corrompe…



La voz salía de su garganta a borbotones, cantando, gritando y entonando aquellas letras que habían salido de su alma solo con aquel fin… solo para estar en ese justo momento, en una sala chiquitita y cutre sí, pero con auténticos heavies absorbidos por su música, disfrutando, saltando y con los ojos salidos de las cuencas al verlos actuar.


Verdaderamente se trasformaban y pasaban a ser tan solo acero y cuero sobre el escenario, ella no era una mujer, ella se convertía en una auténtica diosa y sus compañeros en ángeles del infierno cuya sonata absorbía los cerebros y la razón de todos los allí presentes.


Los subyugaban con sus ritmos, los hacían por unos instantes suyos, toda aquella masa de gente era suya… estaba a merced de su música, de sus voz, de sus composiciones… y entonces el éxtasis llego, a ritmo del grito agudo más desgarrado de su nueva canción, de su nueva creación… sería justo el momento en el que la mujer paría y daba a luz, ese momento de desahogo que llenó su cerebro de adrenalina, que la hizo correrse, que la hizo sentir como una verdadera diosa, que hizo que los pelos se les pusieran de punta a tíos más duros que el acero, más duros que el cuero… que hizo incluso que alguno se sobrecogiera de miedo… por que sí… aquella canción daba miedo.


Pero ellos seguían allí escuchándola, violándola con los ojos y ella disfrutaba más y más al ver que los dominaba con su música que, ahora, harían cualquier cosa que ella les pidiese… que verdaderamente estaban subyugados a su voz… a su fuerza. Era increíble qué contradicción, tan débil en la vida real pero tan poderosa cuando cantaba y se desmelenaba y desgarraba su alma para mostrarla desnuda a la masa anónima…
Tan fuerte y a la vez tan débil...


Sentía que la voz le salía de dentro como llamas de fuego que la abrasaban en su camino destructivo a la par que macabramente bello, sentía que la música la dominaba y la trataba como un títere, irresponsable de sus movimientos, sentía que el ritmo la subyugaba en un frenesí imparable, como el de las drogas que había tomado antes y que aumentaban todas estas sensaciones… los focos la desorientaban y parecía estar perdida, en vez de en un escenario, en el universo, allá arriba, cantándole heavy a los dioses griegos, por debajo de ella, dominados en el Olimpo por sus notas musicales, por sus composiciones desgarradoras, perfectas, abrumadoras y terriblemente bellas…


Cuando se bajó del escenario las piernas aún le temblaban de la emoción, tenía muchísimo calor pero no le importaba pues estaba tan hiperactiva que no podía parar. Saludaba a gente, conocía a nuevos amigos, se relacionaba con su público que sólo tenía halagos para ella y su ego se hinchaba, como se hincha la barriga del gallo que anuncia el alba.

martes, 12 de abril de 2011

Parte: XIII. Pariendo una canción

Estaba sola en el local de ensayo. En realidad no sé por qué lo llamaban así si en realidad era una nave del padre de Irún de la que se tendrían que ir cuando el padre hubiera reunido el dinero suficiente para llenarla de materiales de construcción, esos que ahora no hacían falta por todo esto de la crisis. No entendía al padre de Irún, iba a contracorriente pero siempre le salían las cosas bien o medio bien, en eso el hijo se le parecía.
Rasgaba las cuerdas de la guitarra con rabia, le dolían ya los dedos, si no llevaba más de cuatro horas allí metida no llevaba ninguna.


El amplificador estaba en el volumen medio, pero decidió ponerlo más alto, después de todo, la composición estaba acabada. Era una melodía lenta al principio, que pasaba inadvertida, melodiosa y envolvente pero que se tornaba más y más frenética a cada compás, más violenta, casi violaba al oído y descompasaba el corazón con su ritmo, lo llenaba de angustia y de miedo…

-Sí, sí… ¡Esto es! –murmuraba para sí a la vez que seguía con aquella sucesión apremiante de notas a las que apenas daba a basto para tocar…


Era la guitarra perfecta, sí… sería una gran canción. No sería la típica canción brutal con la que la gente cabeceaba con violencia, se daba de ostias o saltaba sin parar enajenados por el armónico frenesí musical… no, no sería ese tipo de canción… sería la típica canción la cual penetra en tu organismo como un virus y te paraliza, la típica canción que, a pesar de ser rapidísima y por tanto incitar al movimiento sin control, incita a todo lo contrario; incita a escucharla y comprenderla, es demasiado buena para que el movimiento se anteponga a ella… es la típica canción que hay que escuchar y luego tan solo correrse o aplaudir con fuerza, dependiendo de la persona.

-Esa canción se asemeja a un parto –rió Ades. Pero ella no paró, esa canción no podía pararse a mitad sería un crimen. Siguió tocando, rabiosa, furiosa, siguió tocando aquella sucesión casi perfecta…


-Dilataciones lentas pero dolorosas al principio y prisa en la recámara, el niño ya está aquí –iba narrando, ella rasgaba las cuerdas y sonreía…- el niño llega, hay que darse prisa, pero la madre no puede correr, el niño se le sale de entre las piernas, la mujer está sola y la domina la desesperación ¿Cómo va a tener a un bebé sola? Tiene miedo, mucho miedo, el niño está aquí, hay que darse prisa…pone toallas en el suelo y unas tijeras, no las encuentra…


El niño se le sale de entre las piernas… deprisa, deprisa… se tumba, siente mucho dolor, se está abriendo por la mitad, siente como la piel le abrasa al rasgarse, como el bebé empuja sin piedad y la rompe en dos… encuentra las tijeras… y se tumba en las toallas y entonces grita y grita a la vez que aprieta para que aquella bella tortura acabe pronto… es mucho dolor, pero no le importa, le parece bello, es dolor pero le parece bello, tener un hijo es bello.

Aprieta, empuja… siente como la piel se rasga aún más pero ya no le duele, el dolor la ha anestesiado, estira las manos con esfuerzo, el sudor perla su frente y le baña la espalda, está desnuda y sigue siendo bella a pesar de estar sus manos llenas de sangre, su cuerpo de sudor, su pelo cae en mechones compactos que la agobian… y grita y empuja y vuelve a gritar…


Tiene prisa, quiere que todo acabe ya, le duele el abdomen de apretar, no aguanta más con las piernas en alto, siente la cabecita del bebé en sus manos, es cálida y está pringosa, pero no le da asco… tan solo le duele mucho… y vuelve a apretar, a empujar y a gritar, un grito prolongado y desgarrador y luego un llanto de alegría… el niño también llora… el niño también llora… saca fuerza donde no las hay y ve a esa pequeña bolita rosácea en sus manos, llena de sangre y frágil…


Antes apenas tenía fuerza y le dolía y tenía miedo porque estaba sola… estaba pariendo sola… pero ahora eso no importaba. Le cortó el cordón umbilical y abrazó a su bebé y daba igual el calor, y la sangre y los mechones en la cara… no sentía dolor ni tenía que empujar más y le daba igual estar partida en dos… ella tenía a su bolita rosácea, blandita y frágil en sus brazos… ella ahora era feliz, ella ahora no tenía miedo.

-¿Te ha gustado? –reía ella, estaba sudando, menos mal que no llena de sangre ni partiéndose en dos.

-Si… es realmente buena-

-Ya veo ya… te ha masturbado la imaginación.

-Mi imaginación está eternamente masturbada creo yo.

-Pues me has dado una idea para la letra, no digo más. -Estaré deseoso de escucharla

Cortó el cordón umbilical,
Que le unía al mundo virginal;
Era joven, bella
nada más,
Eso no era suficiente,
Eso era deprimente.

Y corrió por el útero abajo
Envuelta en su placenta,
Cálida y líquida,
Venas y vísceras.
Los pulmones se llenaron
De aire abrasador
Y malsano…
Lloró y lloró
El mundo con una ostia
Ya la había maltratado.

La sangre llenaba su cuerpo ajado
No es que fuera vieja,
Es que era el bebé arrugado
De una parturienta.

Cortó el cordón umbilical,
Que le unía al mundo virginal;
Era joven, bella
nada más,
Eso no era suficiente,
Eso era deprimente…

Y sola y sola estaría
Y volvería a estar.
Como metida en la barriga,
Al menos allí había bienestar.

Y sola y sola estaría
y volvería a estar…

y sola y sola estaría
y volvería a estar…

Un día, otro más.
Y sola y sola estaría
y volvería a estar…
quiero romper mi cordón umbilical.
La cantó y su voz destrozó el micro, Glam Getal a la instrumental y a la voz y grunge a la lírica, era por ello que triunfaban, por ello y por su puesta en escena por su estética y, por qué no decirlo, porque estaba buena.


Ades se puso cachondo al verla tocar, siempre lo hacía, su voz aguda al cantar, melodiosa, perfecta, ni una nota de más ni una nota de menos, siempre en su justa medida, alargando hasta el imposible esas notas casi inhumanas que ella inventaba, sosteniendo hasta lo imposible esos acordes violentos, manteniendo el frenesí de la letra y de las cuerdas, respetando la poética de la lírica y su belleza… sí… siempre que la veía cantar y tocar se ponía cachondo… intentó disimular su erección metiéndose las manos en los bolsillos.

-¿Te gusta?

-Sí… es desgarradora.

-¿Tienes saldo? Hay que llamar a estos.


Así era ella, nunca o rara vez tenía saldo y, cuando la inspiración llamaba a su puerta, todo el mundo tenía que dejar lo que estuviera haciendo y acudir, era norma implícita en el compromiso con el grupo, los artistas son así de caprichosos.

-No la entenderán –afirmó él con tristeza.

-No, no lo harán… pero tampoco contaba con ello.

Sí… así eran los artistas, no se los comprendía, al menos no hasta que estuvieran muertos.

domingo, 3 de abril de 2011

Parte: XII. Sola

Ahora estaban en su casa, habían andado sin rumbo fijo por la ciudad y sus pasos los habían dirigido a su habitáculo, a veces pasaba así, pero nunca el camino había sido tan silencioso. Ellos más que por palabras se comunicaban por silencios, ella sabía interpretarlos como si de un lenguaje se tratara, él era de pocas palabras y ella de muchas y apresuradas cuando se ponía nerviosa. Este no era el caso, los dos andaban juntos pero cada uno sumergido de lleno en su burbuja, en su pequeño y diminuto universo que a veces les parecía tan grande.

Una vez dentro de casa ella hizo la cena, unas tortillas francesas, tampoco hacía falta esmerarse mucho, comieron en la cocina, no hablaron de nada en particular, un poco del grupo, otro poco de la fiesta de la noche anterior… querían evitar el tema.


Él lavó los platos, raramente lo hacía, de hecho en su piso la encimera no se veía por la cantidad de platos sucios que se apilaban en ella. Era una muestra más de que sabía que algo no iba bien o quizás tan solo lo hacía para relajarse, su madre tenía esa costumbre.


-¿Qué hacías allí?


-le preguntó a bocajarro nada más que entró en la habitación-salón.

-Helena me dijo que te había visto algo triste y supuse que estarías allí.

-Necesitaba estar sola eso es todo –así pretendía zanjar la conversación pero no fue así.

-¿De qué tienes tanto miedo Manish? ¿Por qué no permites que nadie se acerque a ti?

-El miedo es tan irracional como no tenerlo y no permito que nadie se acerque a mí porque solo yo puedo hacerlo ¿Contento?

-¿Tienes que tener respuestas para todo? ¿No te cansas de tener respuestas para todo?


A ella se le llenaron los ojos de lágrimas, pero fue solo un instante, él no las vio pues tenía la mirada baja, estaba triste o decepcionado, quién sabe… sus silencios eran cristalinos, sus palabras también pero él no, él era como un mar turbio o quizás fuera ella.


-¿Por qué no confías en mí? –preguntó dolido.

-Sí que confío en ti –mintió, ella no confiaba en nadie, siquiera en sí misma… bueno sí en ella misma sí, era lo único seguro en su vida, después de todo ella a ella misma no se traicionaría ¿No?

-No, no lo haces, te veo mal y… no me cuentas lo que te pasa…

-¿Ahora me vas a decir que te preocupo?


La severa mirada que le echó lo dijo todo, ella sabía que había metido la pata, pero en vez de dar marcha atrás, siguió delante de la peor manera, pagó con él todo lo que llevaba dentro.


-Sabes que me preocupo Manish.

-¿Desde cuándo? A ti lo único que te preocupa es no quedarte sin follar una semana o que ensayemos canciones en tu piso y nos riamos un rato para distraernos, lo único que te preocupan son tus movidas, igual que a mí las mías, igual que a todos. No seas hipócrita.

-¿De verdad piensas eso? –en absoluto estaba alterado, él nunca se alteraba, nunca perdía los papeles, se limitó a levantarse con suma lentitud, como para que a ella le doliese más y a coger la chupa- Manish te he hecho una pregunta ¿De verdad piensas eso? –repitió como si no le hubiera escuchado.


Ella pensó en retractarse, pero no lo hizo, le pudo el orgullo y el enfado que tenía con el mundo que, en cierto modo, lo pagó con él, con la única persona con la que no tenía que pagarlo.

-Sí, lo pienso.

-Pues entonces no hay más que hablar.


Se dirigió con paso firme hacia la puerta, ella se mordió el labio, siempre lo hacía cuando cometía un error, su interior era ilegible pero no por falta de muestras externas precisamente.


Dejó que saliera de la habitación… se le humedecieron los ojos cuando escuchó abrirse la puerta de la entrada y dudó durante solo un instante… pero corrió hacia él y lo detuvo justo cuando iba a cerrar la puerta, lo agarró de la mano y lo entró casi con violencia en la casa y lo besó con aún más violencia, rabiosa consigo misma, con dañar a la única persona a la que parecía importarle por alguna extraña razón…


Hicieron el amor de forma tranquila, algo realmente raro en ellos, a ritmo de Skid Row, predominaron las caricias donde antes solo había brutales penetraciones, los besos donde antes había sensuales mordiscos…


-Me sentía sola… -le confesó al oído olvidando que ya lo había hecho en el jardincillo, cuando pensó que él no la prestaba atención. Enterró0 su cara en su pelo, para que no la viera, no se le daba bien decir lo que sentía.

-Lo sé… -suspiró y la abrazó fuerte, ella lloró y las lágrimas se perdieron en la negrura de su pelo lacio.


Los dos se sentían solos, los dos siempre estaban solos, incluso cuando estaban juntos estaban perdidos en su eterna soledad, pero era un consuelo el calor, y los abrazos, aunque odiasen los abrazos.


jueves, 31 de marzo de 2011

Parte: XI. El bohemio jardincillo

Salió a dar un paseo ya de noche. Solía hacerlo, le sentaba bien, le ayudaba a poner su cabeza en orden… había veces que el caos que en ella reinaba la volvía loca. Para remediarlo, no había nada mejor como un paseo nocturno por la parte antigua de su ciudad, Cáceres.

Sus pasos siempre le guiaban al mismo sitio: un pequeño jardincillo que daba a la montaña, con parte de la ciudad a sus pies y el resto a sus espaldas, la parte antigua la rodeaba y, entre esas piedras milenarias, se sentía a salvo ¿A salvo de qué? Quizás de ella misma.

En aquel jardincillo había bancos de fría piedra y muchos arbustos con flores y grandes árboles que arañaban el cielo con sus ramas, esas que parecían querer coger alguna estrella que acompañase a sus hojas verdes en su solitaria velada. Se sentó en uno de esos bancos, estaba muy frío, pero no le importó. Se quedó mirando sus Converse y luego elevó la vista al cielo nocturno y miró a la luna.

Qué bella era, ella sí que era bella. Tan blanca, de forma tan perfecta, de cutis tan impoluto, tan virgen e inalcanzable, tan onírica y vaporosa… qué bella era… se tumbó en el banco, ahora las ramas tapaban la cara de la luna, quizás se estuviera desnudando y poniéndose el pijama ¿La luna usa pijama? Es más… ¿La luna tiene vergüenza… tanta como para cubrirse para que no la vean? Cerró los ojos y respiró hondo, ahora su realidad se reducía a su pausada y equilibrada respiración, a la brisa nocturna de la primavera, esa que se enfriaba más y más según avanzaba la noche. Quizás por eso la luna se estaba poniendo el pijama, para no resfriarse, dormir desnuda es lo que tiene.

-¿Qué piensas? No le hacía falta abrir los ojos para saber quién le hablaba. Podía olerle, estaba arrodillado junto al banco, lo más seguro es que la estuviera mirando con una media sonrisa triste, esa que tanto le caracterizaba.

-En la luna… que se va a resfriar por dormir desnuda -él rió, sí… así era ella.

-¿Qué haces aquí Manish? -Eso debería preguntártelo yo… este es mi sitio… ¿Qué haces tú aquí?

-Me apetecía verte. -¿Cómo sabías que estaba aquí?

-No lo sabía.

Se quedaron en silencio un rato más, él se sentó en el banco y puso su cabeza sobre las rodillas con delicadeza y le empezó a acariciar el pelo con aire distraído. Él también había ido allí para pensar, no porque quisiera verla, que la hubiera encontrado allí no era más que un accidente.

-No te apetecía verme.

-No, la verdad es que no –ella sonrió, la misma sonrisa triste, un fantasma de la de él.

Abrió los ojos, los de él miraban la luna, ella no podía… la muy vergonzosa seguía detrás de las ramas. Se fijó en él. Se había afeitado la perilla, el pelo le colgaba lacio y negro por los hombros, la boca entreabierta, sus dientes medio perfectos asomando, olor a tabaco.

-¿Se ha acabado de vestir ya? –preguntó divertida.

-¡Oh si! Acaba de ponerse unas pantuflas –rió él.

Ella se incorporó y él la miró a los ojos, no sabría decir cuál de ellos estaban más tristes. Desde luego esto era cosa del destino, o tal vez mera casualidad.

-Me sentía solo –respondió a su pregunta muda.

-Sí yo también… -confesó, aunque él tampoco lo había pedido.

lunes, 28 de marzo de 2011

Parte: X. Otra vez sola


Al día siguiente el cansancio era monumental. Se levantó casi a las 5 de la tarde, habiéndose dormido por fin rondando las diez. Eran pocas horas, por lo que estaba molida. No tenía resaca, ella de eso no usaba, su cuerpo estaba acostumbrado. Helena dormía junto a ella, seguía desnuda al igual que ella. Los chavales se habían ido poco después de terminar, tenían que coger un autobús de regreso a sus pueblos a las doce de la mañana. Gran putada, pues ellos sí que estaba resacosos, fatigados y destrozados.

Se levantó sigilosamente para no despertar a su amiga, o lo que quiera que fuera y se dirigió directamente a la ducha. Tenían una de estas duchas de hidromasajes que le “arregló” un poco el cuerpo. El pelo le olía a humo y a alcohol, la tripas le rugían de hambre e incluso se sentía mareada, lo único que había entrado en su cuerpo desde las diez de la noche del día anterior había sido alcohol, patatas fritas y drogas a mansalva. Con razón se quejaba su bonito cuerpo, desde luego qué mal lo trataba y él qué bien se portaba, sin rechistar, o casi.

Así pues no le hizo esperar y se preparó un café, dos tostadas y se fue comiendo mientras una dulcísima magdalena. El café caliente le acabó de entonar el cuerpo, incluso se quedó una rato más leyendo pues tenía la costumbre de leer mientras desayunaba. Esta vez estaba disfrutando de una novela de Saramago, su escritor preferido, un gran hombre sin duda; la novela se llamaba “Caín” y era un verdadero punto, amaba las ironías disfrazadas de Saramago y más cuando tenían por objeto una crítica a la religión y a su queridísimo y todopoderoso dios que, sin embargo si no había censurado la afilada pluma de tan magnífico escritor, tan poderoso no sería ¿No?

-¿Te apetece leer ahora? –gruñó Helena desde la puerta, seguía desnuda.

-Si no desayuno leyendo no soy persona –le sonrió ella. -Lo que tú digas… -restó importancia a la conversación con un gesto desgarbado- yo me voy a la ducha, a ver si se me quita este dolor de cabeza.

-¿Te preparo algo?

-No… ya lo hago yo después.

Aún así cerró el libro y le preparó un buen desayuno, después de todo era su amiga ¿No? Rió al recordar la noche anterior, sí… había sido realmente buena. Había echado de menos las juergas así, juergas sin control, desfase total, alcohol, sexo, rock and roll, drogas y luego… solo dormir y plenitud.

Plenitud porque no pensaba en nada, porque nada le importaba y solo era capaz de recordar las satisfacciones de su cuerpo, sin acordarse siquiera de su sombría mente y sus eternas dudas. Sonrió… sí la noche acabó bien y sonrió de nuevo al ver la decepción en el rostro de los chicos cuando les pidieron a Helena y a ella que se liaran entre sí… “todo en esta vida no se puede tener” les había replicado Helena, ella había reído aunque, viendo lo a gusto que se sentía tampoco le hubiese importado demasiado.

-Mira que te he dicho que no me hicieras nada ¡Estás tonta! –Le dio un beso en la mejilla en forma de agradecimiento a la vez que extendía la mano para coger una tostada- ¡No sabes el hambre que puedo tener!

-¿Te ha llamado tu padre?

-¿Mi padre? Seguro que ni se ha dado cuenta de que no dormí en casa –se lamentó con amargura.

-Pff… van a su bola, luego dicen que nosotros.

Estuvieron hablando largo y tendido de sus cosas. Helena estaba haciendo un módulo de estética y también vendía cuadros que ella misma pintaba. Sabía tocar el bajo y le habían hecho ofertas para tocar en grupos pero ella siempre las declinaba, incluso la que le brindó ella. Decía que era un alma libre, que ella no podía estar sujeta a un grupo, sujeta a tantas personas.

-¿Quieres que veamos una película? –preguntó con alegría.

Ella disfrutaba de la soledad pero había veces que se sentía demasiado sola o que buscaba compañía para distraerse y salir un poco de su agobiante mundo. Por eso en parte quería retenerla allí, no quería volver a su caja de cristal tan pronto, quería “no pensar” durante unos instantes más.

-No puedo querida –declinó ella, levantándose y lavando la taza del café que había usado- tendré que volver a casa y tengo que acabar un encargo que me hicieron.

-Bueno, como quieras… -fingió que no le importaba- si yo también tengo que hacer un trabajo de la universidad así es que… estaré ocupada.

Estuvo acompañada lo que tardó Helena en recoger sus cosas y salir por la puerta. Se puso a recoger la habitación escuchando una lista de reproducción formada por Scorpions casi en exclusiva lo que delataba su estado de ánimo decaído. Siempre era así cuando pasaba una noche de esas… que se sentía bien en ese momento pero que, luego, cuando volvía a estar sola, se daba cuenta de la futilidad de las cosas. Se puso a escribir, al menos así no se sentía tan sumamente vacía.

sábado, 26 de marzo de 2011

Parte: IX. Sexo, drogas y rock and roll


La música llenaba su cuerpo, el frenesí de los acordes, de la batería, la fuerza de la voz… todo ello mezclado con su baño de alcohol y su nube de marihuana hacía que verdaderamente su cuerpo se sintiera subyugado al ritmo frenético del heavy metal que sonaba en aquella cueva.

Era una auténtica cueva hecha local por lo que, a pesar del calor de estar en un sitio cerrado y atestado de gente, éste tampoco era asfixiante. Sus amigos seguían el compás de la música con los ojos cerrados y cabeceando, algunos charlaban animadamente, otros bebían sin parar y se daban de ostias y otros se liaban un nuevo canuto para irse al servicio a hacer un submarino. Ella escuchaba la música siguiendo el ritmo, bebiendo su Jack Daniels y hablando con su mejor amiga o algo parecido; los mejores amigos no existían, bueno en realidad lo que no existían eran los amigos:

-No me apetece llegar hoy a mi casa –se lamentaba.
-¿Por qué? creía que estabas con tu padre –dijo ella.
-Sí bueno… pero ya sabes, está con su novia que no caga y paso de soportar el “empachoseo” y las broncas de alguien que no es mi madre.
-Yo no sé cómo la aguantas.
-Mi padre la quiere, lo tengo que respetar ¿No?
-Ya… pero eso no significa que tenga derecho a “educarte”. No es tu madre.
-Ya bueno…
-Quédate en mi piso esta noche si quieres –sonrió- pero solo si me prometes una cosa.
-¿Qué? –rió su amiga soltando el vaso vacío en la barra.
-Que vas a llenar ese jodido vaso de nuevo y que esta noche será una de “nuestras noches”.
-Uy… no te creía hoy con tantas ganas de fiesta querida ¿A qué se debe?
-Me desquicia –contestó con simplicidad.
-¿El qué?
-Que los que no tienen derechos sobre nosotros intenten decirnos lo que tenemos que hacer, lo que está bien y lo que está mal.

Su amiga rió, sí… ella también lo necesitaba, desde luego Manish siempre estaba dispuesta a una buena juerga, de esas que marcaban hitos. Manish se dispuso a rellenar las copas, solo había necesitado una justificación para el desfase… menos mal que había llegado rápido.

Su amiga era muy extrovertida, activa, alegre y una desfasada, igual que ella. También era heavy, lo que había que tener muy en cuenta, sino está claro que no se llevarían tan bien. Era muy guapa, se teñía el pelo de pelirrojo (más rojo que otra cosa), medio liso medio rizado, con flequillo cortado al rape, camisetas grandes y cortadas a un hombro (más o menos como vestía ella también), llamativos cinturones de tachuelas, cadenas… vaqueros de todo tipo, cuero, vinilo… botas militares, all stars, pulseras metálicas de varias formas, collares a juego, lentillas de colores y labios pintados, así como los ojos. Se parecían mucho, algunos incluso decían que eran como hermanas, quizás por eso el destino las unió, porque las separó al nacer.
Y vaya si esa noche marcó un hito. Se acercaron a un grupo de chicos y chicas que nunca habían visto por allí y en seguida entablaron amistad, cuando uno es heavy y está entre heavies todo fluye. Serían raros, extrovertidos, excéntricos y todo lo que la gente quisiera decir de ellos, pero formaban algo más que nunca comunidad, vivían un estilo de vida propio que los unía y que no dejaba de lado a nadie, solo hacía falta un requisito: que te gustase el rock.

En seguida Helena y ella se encargaron de mostrarles a los nuevos de qué pasta estaban hechos en aquel lugar, por lo visto habían venido a un concierto que había dado Koma en un pueblo cercano; ya iban muy borrachos, al igual que ellas, pero no por eso bajaron el ritmo de sus consumiciones. El Jack Daniels corría por litros, las bromas se contaban por centenares y las sonoras carcajadas no pasaban inadvertidas entre el estruendo imperante en el local. Se reían por todo y por nada, sentían la música y de vez en cuando se ponían a darse de ostias en mitad del local, algo sumamente excitante y divertido cuando se va muy pedo, muy ciego y muy de todo. Eran las 6 de la madrugada y allí seguían, ya habían llegado a la hora de la verdadera diversión, les habían mostrado a los nuevos cómo eran las cosas allí, ellos se integraron bien, solo había que verlos:

-Son unos desfasados –reía Helena sin control.
-¿Nos has visto a nosotras? ¡Oh no los estamos llevando por la senda del mal! –las dos rieron sin parar, los nuevos amigos le siguieron el rollo.
-Desde luego aquí sabéis montaros una buena juerga.
-Aún no has visto nada –rió Manish- has visto la “Naranja mecánica” ¿No?

La pregunta era un poco absurda, toda persona con un mínimo de interés cultural y la inteligencia suficiente como para valorarlo había visto la “Naranja mecánica”, así es que la duda entre heavies ofende; la risa socarrona de su futura conquista se lo dijo todo.

-Si no la hubieras visto nuestra conversación acabaría aquí –rió ella- bien pues… ¿Os apetece un poco de rico Moloko Plus? Korova Milk Bar

Si realmente habían visto la película sabría a lo que se estaba refiriendo, desde luego no era simple leche, como decía Alex Delarge… “era un viaje de espadas punzantes en los glasos”. Sobra decir que, a la trastienda a la que fueron (en otro local), era obviamente ilegal ya que la sustancia adicional que allí se echaba en el rico moloko no iba precisamente acorde a la ley. El dueño era amigo suyo, si no lo eras no te dejaba entrar y aún así tenías que ser de grandísima confianza. La trastienda imitaba a la perfección el local de los drugos: el Korova Milk Bar, cierto humor agrio del dueño el cual era un auténtico fan de Alex y los suyos. La bebida… estimulante, que allí se dispensaba era también a imagen y semejanza que en el libro, una delicia vaya.

-¡Uau este local es una pasada! –se asombraban sus dos nuevos amigos, a pesar de ir muy borrachos los ojos se les salían de las órbitas, parecían estar verdaderamente inmersos en el decorado de la archiconocida película.

El grupo se había reducido a dos, obviamente los que a ellas les interesaban con la excusa de que en ese local solo podían entrar grupos, como máximo, de cuatro. Un gran bolo por supuesto pues tenía aforo para veinte personas repartidas en diferentes espacios ricamente decorados, siempre respetando la estética futurista de la famosa y polémica película.

-¿No decíais que solo podían entrar cuatro personas? –rió el rubio, el que iba siempre al lado de Helena expresando así su preferencia.
-¡Oh bueno! –Rió Helena- quien dice cuatro dice… -y rió.

Rió y rió sin parar y no paró de reír y de flotar con el rico Moloko Plus y al igual que ella, Manish y Robe (su chico de aquella noche) y al igual que Robe también Manu. La droga llegaba a su sistema nervioso y los masturbaba de forma brutal y asquerosamente placentera. Los ojos azules y vidriosos de Robe se perdían en algún punto del techo mientras iniciaba su viaje hacia las estrellas, ella lo miraba y se reía, se notaba que no estaba acostumbrado y joder… estaba muy bueno. Helena y ella se miraron y se rieron, oh sí… aquella noche prometía, el rico Moloko nunca defraudaba.

-¿Hacéis esto todas las noches?
-¿Crees que si hiciéramos estos todas las noches estaríamos bien? –rió Helena.
-¡Yo estaría bien! –se carcajeó Robe.
-Ahora vas a estar mejor… -le sonrió Manish abriendo la puerta de su piso.

La segunda parte de la fiesta solo hacía más que comenzar. Ella era muy directa y más cuando iba borracha y colocada, la mente no le daba para sutilezas ni para andarse con exquisiteces así es que se fue desnudando por el camino a la vez que se encaminaba a su habitación-salón. Helena por su parte ya conocía la casa y se llevó a su conquista hacia una de las habitaciones, hacía frío. Manish odiaba la calefacción, además de que contaminaba y contribuía al Estado con sus impuestos sin contar a las empresas que la proporcionaban, el frío era mucho mejor, tonificaba la piel y la mantenía despierta, adoraba el frío.

El chico la siguió extasiado, no sabía si por la droga o por el suave contoneo de sus caderas y el firme paso de sus largas e interminables piernas, hacía bastante frío pero no lo sentía, su cuerpo ardía por dentro. Cuando Manish llegó a su cama redonda ya estaba completamente desnuda, Robe se paró en el marco de la puerta y la observó, era increíblemente bella, pero le daba miedo, tenía algo que le daba miedo.

-¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo? –rió, como adivinándole el pensamiento.

El chaval acabó de entrar en la habitación y ya sabía que de allí no saldría, pues no sería capaz… había caído en las redes de la droga y no precisamente en las del rico Moloko, sino en la droga que era Manish. Sus ojos se calvaron en sus iris vidriosos y lo desnudaron con una lentitud que no creía posible, tiritó de frío y por el contacto de su piel que, sin embargo, era cálida. Ella no apartaba sus enormes ojos color miel de los suyos, enmarcados por una sombra de ojos algo desperfecta por todas las aventuras nocturnas que llevaban ya. El sol asomaba por la ventana, serían las siete y media de la mañana, e iluminó el cuerpo fibroso de Robe. Manish se excitó al verlo, él también lo estaba, acercó sus jugosos y marcados labios y le besó con fiereza, empujándole a la cama, poniéndose encima de él y subyugándolo a su cuerpo.

Seguían muy colocados, pero el sexo era duro, justo como a ella le gustaba. No le gustaban las medias tintas y precisamente ganas de ser mimosa a esas alturas de la noche como que no tenía. Por lo visto Helena compartía su opinión pues podían escucharse sus gemidos desde allí. Robe se dejaba hacer: se dejaba morder, se dejaba follar, se dejaba besar y arañar, se dejaba ordenar y admiraba su cuerpo, hechizado cuando la tenía encima y se deleitaba con él cuando la tenía debajo…

-¡Ey tios! Lo siento por interrumpir pero… -rieron Manu y Helna, los dos desnudos se acurrucaban en el marco de la puerta- ¿Tenéis condones?

Manish rió y se quitó a Robe de encima. Sí ahora sí que sí empezaba la fiesta. Miró a Helena, ya lo habían hecho otras veces, aquellos dos pobres diablos no sabían dónde se habían metido, estaban demasiado colocados, sí… ellas también, pero era distinto, estabas acostumbradas.

-Sí… claro que tengo ¿Por qué no vienes a por él? –rió mirándole a los ojos sin ningún tipo de reparo. Robe se tiraba en la cama mirando la escena.
-Si eso Manu… ¿Por qué no vienes a por él? –sonrió también. Helena se acercaba sigilosamente por detrás de Manu que, preso de la mirada felina de Manish fue a ella.

Este chaval también estaba fibroso, rubio y de pelo cortado a partes desiguales, con un pirsing en el labio y varios en la oreja, ojos castaños claros, se la quedó mirando. Ella sostenía el preservativo en una mano y lo alejaba de él cuando intentaba cogerlo, Manu reía y Robe se partía el culo detrás, Helena se encargó de silenciarlo.

-¿Lo quieres? –le preguntó Manish.
-Sí –le sostuvo la mirada.
-¿No me prefieres a mí? –Helena y Robe se liaban a sus espaldas.
-Nunca he hecho esto.
-Para todo hay una primera vez ¿Lo quieres o no?

La respuesta fue un fuerte beso en los labios que la tumbó de espaldas, el intercambio de parejas se hacía constante, en eso radicaba la diversión. Gemidos, sudor, semen y saliva, preservativos por el suelo y la ropa perdida… una sinfonía de caricias, muerdos, besos y penetraciones…

-¿Quién nos va a decir qué está bien o está mal, no Helena? –reía Manish en el hombro de su amiga.
-Desde luego esto… no puede estar mal –reía también Helena, acurrucada entre Manish y Robe, que ya había caído rendido del cansancio- es demasiado bueno para que sea algo malo.