Mostrando entradas con la etiqueta Devaneos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Devaneos. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de abril de 2015

21 años (homenaje tardío, que él también era imperfecto)

Hoy te escribo a ti, Dioniso hastiado, tú que decidiste no volver en un repentino ataque de nostalgia. 

Decidiste bien, habrías sufrido demasiado. Tenías un alma generosa aunque para muchos, todos aquellos a los que odiabas, fuiste demasiado egoísta. Ellos no entienden, ¿verdad?, ellos no entienden el vacío, pero aún así les gritabas. Y tu voz, cansada, y tu música, desgarrada, se abrieron paso como ondas imperecederas a través del hastío, la rabia y el dolor, a través de tu alma, extremadamente humana. 

Todos te vimos nacer de útero enfermo, marcar con meado tu territorio, te vimos crecer en una flor, y te oímos decir que, aunque estúpido, eras feliz, ¿pero eso nunca fue, cierto?, o lo fue a pequeños pinchazos, sí, sé que te dolía.

Olías a tabaco, vómito e incomprensión, no por ti... no, tú estabas por encima de eso, aunque no lo comprendieran, como siempre, eres más profundo de lo que se espera, pero tranquilo, no diré nada. Es algo nuestro. Hoy simplemente se trata de eso ¿no? de recordarnos, porque cada vez que te recuerdo me recuerdo, recuerdo mi olor de adolescencia, recuerdo los peces que nos comíamos cuando no había sentimientos, recuerdo saber que tenías razón, como también recuerdo el pegamento que compartíamos para pegar nuestros corazones enfermos de hastío, rutina y apatía. Sí... lo recuerdo.

No he dejado de buscarte y escucharte desde entonces... y a veces no puedo comprender lo que hiciste, otras... te respeto. Sé que somos muy diferentes, pero cuando estamos ahí abajo, cuando... el vacío te aprisiona, ahí somos todos iguales, ¿no crees?, hemos llegado a nuestra esencia después de todo... y si la muerte también nos iguala, debe ser esa la parte de la vida que nos pone a todos en el mismo sitio ¿verdad? Es igual, en esos momentos sólo tu fosa de brea magnética tiene sentido para mí y lo sabes... 
¡Ey!, ¡espera! 
Se me olvidó felicitarte, otro año más que le has ganado a la muerte, ¿qué se siente?
¡Ey!, ¡espera!, no me lo digas... ¡que yo quiero que la muerte sea una sorpresa! No puedo recordar tu sonrisa porque nunca la vi, pero siempre la imagino delicada ¿lo es?, no importa. Tu voz me basta.

Recuerda que las orquídeas carnívoras no perdonan a nadie de momento, así que... supongo que algún día nos veremos, ¿hechos ondas los dos?, ¡quién sabe! al fin y al cabo, es todo lo que somos.
Saluda a los cuervos.


martes, 31 de marzo de 2015

Pecera


Aquí el tiempo se detiene entre los bostezos de las horas. El aire no transita. Ni siquiera siento. Tácitamente, sospechando el lento transcurrir del minutero, acepto seguir adelante; en verdad es tácito, porque el hastío degüella mis palabras.
Ahora.
Ahora recuerdo aquella sensación, tan vívida como el dolor mudo en mi garganta. Certera la certeza me asfixiaba; encerrada en una pecera boca abajo.
Las paredes del mismo cristal, los gritos se pierden en las mismas aguas... todo es tan igual que desesperaría, si no fuera porque ya me aisló, si no fuera porque ya me asfixió, si no fuera porque ya me cortó.
Aquí el tiempo se detiene; el tiempo duele...
Y yo caigo, y me abrazo las rodillas, y me hago punto.... En las horas que se suicidan los cristales mellados siguen cortando mi caída.
Aquí siempre fue así.
Aquí lo único grande eran las horas.
Verticalidad reducida a punto.
El punto a la nada.
La nada en mi.
Y yo aquí.

Ahora.

domingo, 29 de marzo de 2015

Entre signos de interrogación


Un impulso viejo le hacía seguir caminando en su reducida cochiquera con barrotes de preguntas sin respuestas. Sentía que no podía hacer otra cosa. Los barrotes repiqueteaban con música si los tocaba, y en ellos podía ver la vida aplastada o mutilada, glorificada, insignificante, absurda; cualquier definición era inútil y estúpida, como un niño malcriado que llora.
En realidad, nada le impedía colarse entre los signos de interrogación y escapar; pero eso carecía de sentido, y hacía que todo lo demás se volatilizara, aunque "volo" sea "quiero". Después de haber leído tantas veces aquellas grietas en la pared, el mundo exterior se le antojaba desordenado, caótico, falaz, ruin. Tan antiestético como el vómito en el suelo, tan poético, tan violento.
 
Allí, en aquel infecto rincón podía sentir la sangre rebotar contra los límites de su percepción... lejos de allí, más allá del humor vítreo de sus ojos, nada era real, nada era hermoso, nada tenía sentido...
Y nadie parecía entenderlo.
Morir cada día, con cada pregunta, le acercaba inexorablemente a la vida, la reafirmaba. La muerte le hacía sentir... y puede que solo fueran pinchazos en sus venas, un latido enfermo... pero aquellas preguntas, aquel impulso viejo... era lo único que hacía corpóreo su cuerpo. Sentir el pinchazo era sentir que estaba viva, que era fuerte, que no se rendía. Sentir el pinchazo era sentir la existencia.



martes, 17 de febrero de 2015

Tras ese telón opaco


El deseo de captar la oscuridad me torturaba.
Miraba a mi alrededor, pero de nada servía mirar si no lo hacía con otros ojos. Eso era lo difícil, y no intentar reconocer las figuras que se mueven tras las sombras, ponerles nombre... qué más da. Sólo son sombras.
Ahí en la oscuridad, tras ese telón opaco, estaba toda la belleza a la que aspiraba, pero qué complicado era bregar con tela tan pesada, qué difícil desprenderse de lo aprendido. Era como andar por un laberinto de esquinas afiladas. Y aún así, imposible apartar la vista. 
Las figuras reconocibles del mundo real se me antojan miserables, carentes de sentido, absurdas... Y eso que sólo veo sombras; sombras a la vuelta de cada esquina, sombras cuando abro los ojos, sombras cuando aprieto los párpados contra la cuenca vacía. Sombras. Y, sin embargo, de una belleza tal.... a la que ni siquiera puedo poner nombre. Me niego. Pues es esta nada reconfortante precisamente por eso: porque es "nada", no pertenece a nadie, ni siquiera a un concepto, mucho menos a mí.

jueves, 29 de enero de 2015

La prosa y la poesía



Disparó al vacío y sólo encontró el eco del silencio. Palabras mil y una veces repetidas que morirían con ella, que se esfumarían y que nadie recogería porque son inútiles. O al menos eso pensaba ese día. Tenía otra clase de palabras más grandilocuentes, pero que le hacían parecer enana. Se decidió por ellas. Una mujer bella nunca fue fácil de conquistar, y, reconozcámoslo, limpiar los sesos de la pared no era algo que quisiera legar a los suyos. Aún así, esa imagen vagó durante unos instantes por su mente, en cierta manera la veía como la expresión más brutal de la poesía... 
"Siempre he sido de novelas", se dijo, y así fue cómo la prosa de la vida la salvó de convertirse en arte.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

Absurdo con mayúscula y con minúscula



Hay temas que se escriben solos. Hablemos del futuro, de todo lo que preparamos para cuando llegue y de cómo el presente pasa y no puedes hacer nada para que se quede porque estás planeando el futuro. Hablemos de cómo si no planeas el futuro, no podrás existir (aunque estés) en esta sociedad que sólo vive en futuro. Serías algo así como un antisistema, y te suicidarías a los 27 porque no tienes dinero para pagar más años. No hipotecas tu casa, hipotecas tu vida; la pagas a plazos.
 El único momento en el que el ser humano de hoy en día no piensa en su futuro es... bueno, supongo que será cuando le llegue la muerte, en esos momentos justo antes de reencarnarte o irte al cielo o a la luz o unirte con el universo o... simplemente morirte; en esos momentos supongo que habrá alguien que piense que su vida ha sido un viaje al futuro del que ahora no puede volver. 
Ahora pensemos en el absurdo. No... no en lo absurdo de todo esto, sino en el Absurdo.

Pues eso... ¿a que ahora te entran ganas de ser antisistema y suicidarte a los 27? 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Proceso creativo



Ya me he acostumbrado a pensar en doble plano. Mi mente está dividida en dos realidades, una que se supone que es real y otra tan solo mía. A veces tengo la sensación de que se intercambian los papeles, a veces siento que la “realidad” se esfuma, se volatiliza… Y no me importa, sólo es necesaria para mí de forma secundaria, sólo la necesito para servirme de ella, como si fuera un parásito, y crear mi universo.
A veces camino y mis ojos no ven lo que me rodea, están viendo otra cosa, a otras personas, otras calles, otro mundo… en esos momentos eso es para mí lo real, esas son las personas que me cruzo, esas son las calles que piso. Parpadeo. Y me doy cuenta de que de nuevo he cambiado de plano. No me pone triste darme cuenta de ello, sólo me asombro, otra vez, de la cantidad de tiempo que he estado allí, pensando en aquellos rostros, aquel universo, aquellas leyes que sólo dependen de mí. Cuando estoy en ese plano siento como ellos sienten, pienso como ellos piensan, veo lo que ellos ven… es necesario, lo es para comprender su mundo, para poder construirlo sin esa superioridad inherente al trabajo del dios.
Son tan reales que casi puedo tocarlos…  pero he de volver; me siento como si hubiera sido vomitada por otra dimensión, todo me parece incompleto, feo, incoherente, cruel, mísero… no lo entiendo.

¿Qué clase de dios ha hecho todo esto?


domingo, 3 de agosto de 2014

Animal racional


Un día me contaron la historia de que el hombre es bueno por naturaleza, y otro día me contaron otra historia bien diferente, el hombre es un lobo para el hombre. Durante mucho tiempo no fui capaz de decidir cuál de las dos historias era mi favorita, pero eso también estaba en el guión. Algo como la naturaleza humana, tan voluble, tan frágil, tan débil tan... mísera, no puede estar sujeto a una respuesta tan simple, me dije, y, si lo está, menudo fracaso somos como especie ¿no?
Circunstancias, todo se resume a ello. Sí, las circunstancias tocan mucho los cojones, porque impiden que la respuesta sea blanca o negra. Todo es relativo ¿verdad?, y la relatividad asusta porque impide dar una respuesta clara, de esas que tanto le gusta a las historias. Respuestas absolutas para algo tan cambiante como el ser humano, eso sólo puede obedecer a dos razones: el miedo o la estupidez, y no considero a Rousseau estúpido.
¿El miedo a la incertidumbre, el temor a la falta de respuestas que den un sentido a nuestra existencia o que justifiquen nuestros actos y esa necesidad enfermiza de definir todo, de ordenar y controlar, de creernos tan superiores como para poder definirnos a nosotros mismos como especie son el motivo de definiciones tan maniqueas? tal vez esas definiciones tan solo son la consecuencia de no admitir lo que en el fondo somos, que es algo muy simple: meros animales, ni más, ni menos, que cuando tienen hambre comen, y cuando tienen miedo huyen o atacan.
Debatir sobre si el hombre es bueno o malo sería entonces como debatir sobre el sexo de los ángeles. Podríamos hacerlo, pero sería algo que no lleva a ninguna parte, como bien han demostrado las historias existen argumentos tanto para una postura como para la otra. Cosa diferente es la sociedad, ¡oh sociedad!, qué palabra tan grandilocuente, casi tanto como "bueno" o "malo". La sociedad, como producto humano, sí que sería más susceptible de definición, dado que a los humanos nos gustan tantísimo las definiciones. Por eso hay tantos tipos de sociedades, supongo. O por eso, o porque no somos capaces de ponernos de acuerdo ni siquiera en el tipo de sociedad que queremos (como para ponernos de acuerdo en si somos buenos o malos...).
Los seres humanos somos imperfectos ¿no? como animales que hemos reconocido que somos, y como tales, no se puede esperar de nosotros algo perfecto, y menos una sociedad, que depende de tantas cosas. Sin embargo, se nos llena la boca de orgullo cuando decimos que somos animales "racionales", no sé, para que lo entendáis, es como una manera de decir que estamos por encima de todo y que podemos hacer lo que nos dé la gana porque nadie tiene la suficiente capacidad (salvo nosotros mismos) de cuestionarnos; entonces, como animales racionales que somos, deberíamos ser capaces de crear una sociedad en la que todos juntitos pudiéramos coexistir de la mejor forma posible (y digo "todos" y no "unos pocos"), dado nuestro gran intelecto y esa capacidad tan maravillosa de poner orden en el caos y definiciones a la incertidumbre... Sin embargo, somos unos completos inútiles en este cometido, y no será porque no existan especímenes en nuestra especie que pudieran hacer algo mejor, ni tampoco por falta de voluntad o de recursos, buenas intenciones y un largo etcétera...
Ante una evidencia tan clara qué podemos decir, así, "maniqueamente", pues que la cuestión no está en si somos buenos o malos, sino en admitir nuestra jodida naturaleza, que todos somos animales y, si tan racionales somos, haríamos bien en demostrarlo un poco, porque animal y racional en una misma definición ya es incongruente de primeras y, si no queremos que lo sea, entonces pongamos nuestra razón por encima de las circunstancias, porque si no lo hacemos, nos tendremos que replantear otra definición más de esas que tanto nos gustan o quedarnos solamente con el nombre de pila.


viernes, 27 de junio de 2014

Hilos



Hilos cortantes rajan mi piel, la descuartizan, imposible huir de ellos o al menos lo parece. Cubren todo mi cuerpo sin dejar un solo recodo al descubierto. Todo se esconde bajo su violencia y se ahoga en sangre. Hilos que aprisionan mi carne, hiriéndome si me muevo; que parecen multiplicarse a cada movimiento, como castigándome por mi osadía; que inmovilizan mis miembros, desfiguran mi rostro, ciegan la vista hendiendo mis ojos, y enmudecen mi lengua sajándola a cada palabra.
Sólo huele a hemoglobina y dolor.

Miro a mi alrededor con los restos de mi humor vítreo y no veo nada más allá de los hilos que me suspenden en el vacío, ese vacío que intento comprender en mi celda de alambres, y que me parece mucho más acogedor que mi lecho cortante. Puede ser que otra persona se acostumbrara a este dolor, que el hábito hiciera de la prisión su hogar, y de la tortura de esos malditos hilos un eco lejano que está condenada a soportar; puede ser que esa otra persona llegue a creer en algún momento que el vacío sobre el que está suspendida tiene algún significado oculto, tal vez incluso exista un más allá, es imposible saberlo estando aquí colgada...

Tal vez llegue el momento en que esa persona deje de moverse para siempre, tan solo para evitar que los hilos la corten.

No conozco a esa persona ni tampoco el cuerpo que sitian estos alambres, sólo conozco el dolor que me producen cuando me los intento quitar; ni siquiera sé dónde estoy o quién soy o de dónde vengo... siempre estuve aquí, colgada del vacío, intentando liberarme, sangrando, gritando al silencio, pensando... Siempre estuve aquí, suspendida en líquido amniótico hasta la hora del parto.

Siempre aquí, siempre pensando...
-Vacío, hilos que cortan mi carne; vacío, hilos que cortan mi carne; vacío, hilos que cortan mi carne; vacío, hilos que cortan mi carne; vacío, hilos que cortan mi carne; vacío, hilos que cortan mi carne; vacío, hilos que cortan mi carne... Tan solo vacío. Tan solo hilos que cortan mi carne.
Siempre estuve aquí, suspendida en líquido amniótico hasta la hora del parto.

jueves, 13 de marzo de 2014

¿Mundo de las Ideas?



No servía para ser niña. En vez de jugar en la calle, leía; en vez de buscar amigos, no los quería. Las historias de los libros siempre me parecieron más interesantes que la realidad, me ofrecían muchas más cosas de las que jamás pudo ofrecerme la realidad. La verdad es que siempre he estado en conflicto con lo real.
Si podemos imaginar historias tan increíbles ¿por qué no somos capaces de hacerlas reales?, ¿nos dan miedo nuestros propios ideales y por eso los encerramos en los libros y los enterramos en la historia?, ¿o es que como don Quijote no distinguimos entre realidad y ficción, y resulta que lo que todo el mundo llama real en verdad es una ficción y lo que todo el mundo llama ficción es en verdad nuestra realidad?
Piénsalo... qué es más real, esta realidad en la que el ser humano se ve obligado a vivir de una forma alienada, o los mundos de los libros donde se expresan nuestros universales, nuestros ideales, nuestros sueños y temores reales, lo que realmente sentimos, lo que realmente anhelamos: libertad, amor, igualdad, belleza, esperanza... lo que realmente somos, conceptos; unos conceptos tan perfectos, tan imposibles de creer que decidimos llamarlos ficciones, y a esta gran mentira la llamamos realidad, una mentira tan real que nos la acabamos creyendo.
Quizás eran demasiados universales para algo tan frágil como el ser humano.



)

jueves, 1 de agosto de 2013

El mar




La línea del horizonte. Perfecta, pura. Sin más.

El mar se encoje, revienta con furia en la orilla y vuelve a replegarse sobre sí mismo con una fuerza descomunal; por la mañana la marea habrá olvidado conchas en la arena, que la arena a su vez dejará arrastrar por el mar cuando, hambriento, se coma la playa. 

El mar, vasto habitáculo para románticos, inspira la fuerza, la impetuosidad, a la vez que evoca la calma, el sosiego y la paz. Si existe el alma, si las almas van a parar a algún lugar, seguro que es allí, en esa delgada línea que separa los dos mundos; aquella línea donde el cielo se destiñe en colores pastel y la quieta superficie, lechosa, calmada, espera que el típico velero la surque. Reconozcámoslo, siempre que miramos al mar hay un velero ¿de dónde salen? ¿son reales? ¿los ponen ahí las agencias de viajes? 

Sigo con mi camino, los guijarros se clavan en mis pies.

Y mis miedos se reflejan en el negro manto en el que se ha convertido el agua. Su sonido, acompasado, ahora se asemeja a un lamento y mi imaginación me juega malas pasadas... Me apetece dormir allí, en la orilla mismo, junto a las olas que siguen acariciando al continente... pero el miedo asfixia al sueño. Temo que el mar me engulla, me zarandee como a un pelele y termine ahogándome con sus tenazas frías de sal. Por eso me limito a otear una vez más el horizonte, engullido por la más profunda oscuridad pese a la luna, apenas un hilo curvado colgado de las estrellas.

Hipnotizada por la soledad, en aquel páramo de arena y sal, me atrevo a que la negrura empape mis pies, y siento su frío... la humedad sujeta mi piel y la brisa me agita el pelo.
  
Cuando era pequeña jugaba con la arena, construía castillos, me bañaba en la orilla y recogía cochas y caracolas que se perdían antes de llegar a casa. Ahora cuando miro al mar tan solo quiero perderme en su belleza, robar ese maldito velero y buscar almas en el horizonte. Ahora solo quiero perderme con la palabra libertad tallada en la proa y una jodida bandera pirata ondeando en el mástil.... quizás porque he comprendido que buscar conchas en la arena, como si se tratara del más valioso de los tesoros, es un pasatiempo fútil comparado con las miles de estrellas que puedes capturar en las retinas mientras intentas encontrar aquella que te muestre el norte; quizás porque he comprendido que jugar con la arena y bañarme en la orilla tan solo son acciones fruto del apego a la tierra, mero reflejo del temor a lo desconocido que los más ancianos de mi especie han trasmitido de generación en generación; quizás porque ahora entiendo que la verdadera belleza, el significado de la verdadera libertad es lo que realmente da miedo y no el mar. El mar tan solo está ahí para que lo surques. 

sábado, 13 de julio de 2013

Materia gris


La sonata que escucho tan a menudo martillea las paredes de mi cráneo. Una dolorosa melodía de descargas eléctricas, puñales que agujerean sin piedad mi materia gris y agujas que se divierten arañando el cerebro tras el temporal izquierdo tal vez porque soy zurda... aunque no lo sé, no sé si esta sonata es de Wagner, ni siquiera sé si Wagner componía sonatas, la música es demasiado complicada para mi maltrecho cerebro, para mi temporal izquierdo acribillado de metralla.

Y aún así no puedo pararlo.

Aún cuando es una agonía y la luz taladra mis retinas, cuando las despelleja con ese sol afilado y la oscuridad y las paredes acolchadas se convierten en mis mejores aliadas; aún cuando el nervio se repliega sobre sí mismo y la punzada de dolor me dobla con él, firme, fuerte, de acero... aún entonces mi cabeza bulle en mil direcciones, mil posibilidades, mil realidades. Incapaz de ordenar tantas palabras, sosteniendo en mi mente tantos mundos como Yo y Otros son posibles e incapaz de frenar esa velocidad que me desestabiliza, incapaz al fin y al cabo de detener la vida... mi cabeza parece explotar. Pero, al contrario de lo que suelo, no imagino el seso decorando la pared, el hueso sanguinolento astillado en el suelo, sino que imagino algo mucho más simple e igualmente poético: flores, flores marchitas nacen de mi cerebro.

Todo está destinado a morir, menos lo que ya está muerto.

Sé que en mi último aliento mis abrasados ojos aún serán capaces de proyectar en sus cuencas el mundo en el que quise vivir pero no me dejaron. Habituados a la oscuridad y a las paredes acolchadas pueden pasar por locos, pero como todo loco sabe: "la locura no es cuestión de estadística". Los que se dicen cuerdos permanecen al fondo de la caverna, permanecen y permanecerán alimentándose de sombras en la pantalla. Aunque tal vez esto tan solo sea una desharrapada dicotomía para organizar el mundo, o tan solo el triste consuelo de una mente cansada que no puede pensar algo más metafísico porque tan solo pare flores muertas. 

Blanco o negro, el mundo se reduce a eso. La materia gris se destruye.

  

jueves, 27 de junio de 2013

La manzana


Es como la roja y perfecta manzana que, si la muerdes, llena la boca de gusanos. Las moras se apelotonan en las zarzas, la muerte aguarda en los acantilados y la lluvia empapa.

Una disección del cerebro nunca fue tan placentera, quizás esos cortes rectos y seguros, ese análisis de circunvoluciones regido por el método sea lo más metódico que haya tocando nunca jamás ese cerebro. Por lo demás es todo normal, nada especial. Una nariz, dos piernas, cintura y labios. Y labios.

No destaca en nada, pero la nada destaca. Es como un universo paralelo al que intenta lanzar escalas, conquistarlo, pero es difícil, y la guerra absurda. Aunque, en realidad, le gusta lo complicado, lo torturado, lo que hay que descubrir, lo que hay que entender... porque el mundo es demasiado sencillo, las personas demasiado banales y el sufrimiento demasiado importante. Le interesa más el dolor que la pena, y  más la pena que la felicidad. Porque expresa. Te hace sentir ¿Quién no ha sentido nunca pena? es un vacío clamoroso que pocos entienden, es un dolor desarraigado; y vuelta al dolor, que es lo poético.

Tocar terminaciones nerviosas. Masturbar el cerebro. Todo ello es placentero. Dibujar castillos en el aire, pero no sabe dibujar... mejor los piensa, sólo los piensa, los esboza, coloca las letras ¿para qué mas? si nadie los entiende, solo las botellas lanzadas al inmenso mar. Porque el mar es inmenso, y no quiere creer en horizontes. Los dinamita.

Pese a que es muerte, genera vida, crea vida.

Entendió el significado, destruir para construir, y quizás sea necesario destruir lo construido. Porque lo suyo es el caos, es la naturaleza, es apuñalar al horizonte... porque no quiere más momentos archivados en una memoria inexistente. Quiere vida, una pequeña e insignificante vida, como la de los gusanos de su manzana.

domingo, 14 de abril de 2013

La vida en la muerte


-¿Por qué los demás hacen que te odies a ti misma?

+Porque son estúpidos, porque son cobardes, porque pueden cambiar las cosas pero deciden perpetuarlas. Hace no mucho tiempo pensaba que cada vida, que cada ser humano era valioso... pero esa afirmación categórica se ha ido matizando con el tiempo, ahora digo que solo una inmensa minoría de esos seres humanos es valiosa, y que el resto, no sé si lo merece, pero por mi se pueden morir. Me hacen daño, me provocan dolor, mutilan mis ideas, y ante un buen futuro, que podría existir, prefieren naranjas mecánicas y un gran hermano. Ellos tienen miedo del miedo, yo tengo miedo de que esa inmensa minoría se reduzca aún más. 

-Creo que nunca te lo he dicho, pero hay algo que admiro de ti, algo que admiro muchísimo, tu sentimiento... cómo te enardeces, te entristeces, te decepcionas, la magnitud de tu alegría cuando te dan un pequeño, diminuto, motivo para alegrarte, la fuerza de tu esperanza y el amor que sientes incluso hacia el odio. Admiro la fuerza de tu vida... porque tienes la vida corriendo por tus venas. Yo soy un simple cascarón vacío que tan solo quiere que le dejen seguir en su vacuidad, rodeado de sus pocos vicios y con las inquietudes que aún le mantienen como las máquinas al moribundo...

+¿De verdad piensas eso de mí? Yo solo quiero que me dejen en paz...

-... ¿Y tú?, ¿les quieres dejar tú en paz a ellos?

+Lo único a lo que aspiro es a beber un buen café, leer un buen libro, un buen beso... pero las cosas no son tan sencillas, se empeñan en complicarlo todo... para beber café, tienes que comprarlo; para leer un buen libro, tendrías que haber nacido unos siglos antes; y para tener pareja, tienes que ser de una determinada manera... 

-¿Ves?, ese sentimiento...

+No es un sentimiento, ¡es sentido común!

-La vida corre por ti, y la vida te va a matar.

martes, 2 de abril de 2013

Poetas muertos


El presente es una barbarie, el sinsentido ha superado a la visión del poeta. Sus imágenes y sus poemas perecen, atravesadas las vitelas y las menudas letras, bajo la atroz metralla del egoísmo humano. Metralla que atraviesa los cerebros y su imaginación en pos de un futuro mísero y quebrado.

No habrá poetas futuros, solo artistas vacíos incapaces de comunicar su absurdo porque su público se dejó arrancar los oídos.

Sin entendimiento. ¿Corazón?, vendido.

No habrá artistas que enfrenten el mundo, el mundo ha dejado de existir, porque es el arte quien ha muerto, y no dios. Porque la belleza fue fusilada.

No se esfuercen. Toda letra se envilece bajo la insensible mirada del mundo que los vencedores han creado. Poetas que nacisteis ya muertos, ni siquiera podéis rimar el nombre de vuestra fosa.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Crecer en el pseudomundo


Cuidan los padres de los vástagos, o al menos lo intentan. El niño aprende, el joven se rebela, el adulto se reconcilia, y ninguno de los tres entiende. Tampoco entienden los padres, que les dosifican el mundo, que les trasmiten un burdo reflejo, una aún más burda interpretación; tampoco entienden los padres, pues siendo niños, no les supieron explicar el mundo. 

Es triste en la senectud recordar la sublimación del mundo cuando se fue niño. Es vergonzoso en los cuarenta ver cómo has renunciado a tus sueños de adolescencia, cómo te has olvidado de la rebeldía, incluso de la poesía, esa poesía que solo se ve cuando se es joven. Es trágico que los años en los que más libre eres, desees con todas tus fuerzas "ser mayor", crecer, ser adulto... o lo que es lo mismo, esclavizarte con los años y a los años, que tu cuerpo se aje y torne pesado, olvidarte de los sueños.

Papá, mamá, de chica no me explicasteis que los sueños no son para siempre; me dijisteis que tuviera cuidado con los desconocidos, pero no me advertisteis nada del mundo... me dijisteis que las flores florecen en primavera, pero olvidasteis mencionar que mueren en otoño; me contasteis cuentos de princesas y príncipes, de monstruos y brujas, pero no me contasteis que no son solo fantasía, que existen en múltiples facetas... tal vez creísteis (necios) que no lo comprendería, no subestiméis el entendimiento de un niño, que en su pureza, tan cercana a la naturaleza, comprenden su carácter destructor. 

Papá, mamá, de chica solo me contasteis lo bueno, visión sesgada de esto que llamamos mundo y, ante la maldad, la desgracia, el odio, la injusticia, la tristeza... pretendisteis guardarme, como si fuera una joya demasiado valiosa para que el mundo se reflejara en sus caras. Me dijisteis "cariño, mi niña... esta es la vida" y me la diseñasteis con ínfulas de dioses, me predeterminasteis, focalizasteis mi mirada... y yo me lo creí. Lo creí todo. 

Los sueños se dinamitan en mi mente, intento reconstruirlos, ansiosa, presurosa, histérica... la vida que pensasteis para mi se destruye en el horizonte, y si no la pateo, la hago pedazos porque no me gusta. Y el orbe sigue girando, incomprensible, dañino, cancerígeno, mísero... sigue girando lentamente ante mis ojos que, a cada vuelta, lo comprenden un poco mejor. Y mi alma se entristece. Cómo escribir poesía de algo tan pútrido.

¿Cómo pudisteis ocultarme este invierno tan solo con las flores de los cerezos? Blancas, puras... como era yo cuando, siendo niña, quería ser mayor. 

Y ahora que soy mayor, quiero ser niña... porque tal vez desde los ojos de la inocencia, de la naturaleza, pueda comprender el caos que me rodea. Quiero ser niña, para volver a pintar el mundo de colores brillantes, para volver a dibujar formas majestuosas en mi mente... para poder ver lo que me rodea con algún tipo de belleza que no sea la que emerge de la tragedia. 

Es por eso, tal vez, que los padres enseñan a sus hijos la primavera y se olvidan del otoño, porque con los años se dieron cuenta de que todo es mentira, que todo es absurdo, que son más reales los príncipes y las princesas, las brujas y los monstruos, que las personas. 
Quiero creer que en su infinito amor mis padres se olvidaron del otoño, porque si no es así, yo estaría cometiendo un terrible error con mis hijos. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Se hace camino al pensar


Hace tiempo que mis ojos observan el devenir con cierta diversión, ellos pueden prever el transcurso de los acontecimientos, desde lo ya visto y adquirido, sin prestar demasiada atención. El eterno retorno de Nietzsche nunca se presentó tan claro ante sus brillantes pupilas, la estupidez y la necedad humana nunca le fue tan nítida. Creo que rara vez han odiado tanto a ese puesto de globos oculares, de distintos colores, apelotonados, sujetos por un fino hilo que impide que se los lleve el viento; creo que nunca han aborrecido de esta manera la realidad al otro lado de la ventana. Ellos, siempre inquisidores de una realidad que intentaban interpretar para su mayor esclarecimiento, que observaban atentos el ir y venir de las gentes... ojos pensantes que evocaban en la imaginación mil y un mundo mejores en los que vivir, se han cansado.

Se han cansado, como se cansaron en otro tiempo de buscar la belleza donde todo el mundo parecía encontrarla. La realidad pérfida, ruin, tangible... ha evaporado las evocaciones infantiles. No intentan estos ojos como antaño aferrarse desesperados, rotas sus uñas por la fuerza, a cualquier reducto de conceptos grandilocuentes. Al contrario... estos ojos, estas manos, esta mente... quieren destruirlo todo. Quieren ver que todo arda; quieren ver cómo el cartón piedra se repliega sobre sí mismo, doblándose grotescamente como el plástico que se quema con lentitud; quieren ver cómo las grandes pirámides aztecas brillan bajo el pesado sol por la sangre que resbala por sus paredes; quieren ver sufrir a todos aquellos seres insignificantes ahogados en su insignificancia; quieren ver la belleza que esto supondría a sus ojos, la belleza de la destrucción total de aquellos que se olvidaron de la propia belleza y el valor de las cosas, de aquellos que se olvidaron de los conceptos grandilocuentes.

Querida alma (¿alma?) tú que capeas el vendaval de la mejor forma que puedes, tú que lo observas todo desde ese pequeño rincón que hace tiempo te asigné por si acaso existías, querida alma, ¿eres capaz de sentir lo que te rodea?

Mi mente se ha alejado, mi corazón, depositado en manos ajenas, permanece a salvo. Quizás eso sea lo único cierto, ese corazón que boquea por vivir; ese corazón que he regalado, lo más valioso que quedaba en mí... ese corazón que aún busca la belleza donde todo el mundo parecía encontrarla; ese corazón que ha reinventado la propia belleza, alejándola de los demás, tornándola diferente para que nadie más la comprenda y pueda robarla... ese corazón que sobrevive feliz.

Y ha funcionado.

Reinventé el sentimiento, le otorgué otro significado, y he sobrevivido. Logré salir de aquel punto negro, denso, aislado al final del horizonte. Logré volver de mis abismos. Ahora, quizás, solo quizás, esté emprendiendo un nuevo camino hacia la nada, el odio tan solo sería una reacción instintiva ante lo que ves que se desmorona. Quizás logre reinventar mi mente, igual que reinventé mi corazón; quizás este cuchillo que agujerea mi cabeza algún día aparezca romo e inofensivo y logre volver a contemplar la realidad desde la seguridad de quien no cree en nada y ha perdido la capacidad de decepcionarse; quizás, de nuevo, desde esa nada pueda volver a inventar conceptos grandilocuentes, de esos que tanta falta hacen... quizás incluso yo misma pueda creer en ellos.

Mi corazón está a salvo, mi alma, relegada a aquel polvoriento y oscuro rincón de mi ser, no sabe qué responder. Me acerco al abismo. Quizás la turbia belleza que emerge de mi vacío esté cerca. Me gustaría creer que mi pluma será lo que era. Mi sangre correrá como la tinta, y la tragedia generará mi arte.
Arte, aquello que representa la mentira del mundo.


jueves, 28 de febrero de 2013

Carretera y manta


Se pasa la vida viajando de este a aquel lugar. Aún estando en su hogar sigue viajando a aquel lugar. Aún estando en aquel lugar no dejará de volar con su mente. 

Esa soy yo.
De todos sitios y de ninguno. 

Los paisajes se suceden por la ventanilla, ora del coche, ora del autobús y a veces mis ojos. Las estaciones cambian, los campos se tapizan con el verde de la dehesa, en ocasiones el fuego prendería con facilidad, me gusta cuando las diminutas florecillas a lo lejos parecen perfectas alfombras, o cuando los árboles a ambos arcenes se muestran desnudos, sin pudor, cubiertos tan solo por la sombra de la sierra que los respalda. 

Porque soy de sierra y soy de dehesa, soy alcornoque y soy encina, soy castaño y soy olivo, soy jara y soy retama, soy garganta y soy pantano.

La carretera, lejos de serpentear en solitario entre las sierras con sus curvas imposibles o de recorrer hasta el infinito los inabarcables campos, descubre la vida ante mis ojos; por un momento tiene significado, por un momento soy capaz de comprender las cosas... ese preciso instante en el que te detienes en mitad de la nada asfaltada y miras a tu alrededor, ese segundo en el que sientes que perteneces a algo grande, muy grande, más de lo que podrías llegar a imaginar o a ver por muy larga que sea la carretera. 

Mi hogar nunca fue mi hogar, lo fue la sierra. Siempre dije que cuando me marchara de aquel lugar solo echaría de menos el paisaje. Así es. Y el que es ahora mi sitio, el que siempre supe que sería, a veces se me queda pequeño, minúsculo, a veces me agobia... quizás porque no veo la sierra, o quizás porque la parte antigua no es lo suficiente antigua a veces. 

Mi lugar está en ir de aquí para allá, en volar como las cigüeñas, siempre, aunque tenga un nido que me esté esperando, aquel que he construido con mi esfuerzo sobre un regio palo en mitad de la nada, o sobre el decrépito campanario de unas ideas marchitas. 

Mi lugar es el tránsito de este a aquel lugar, mi sitio es el peregrinar de mi mente sobre todo aquello que aprendí y ahora intento desaprender, sobre todo aquello que observé y ahora quiero reinventar. Mirar a la naturaleza de frente, bañarte en el río, sacar el brazo por la ventanilla, no dormirte en el mullido asiento, no correr la cortinilla, mantener los oídos abiertos...

Porque soy sierra y soy dehesa, porque soy la vereda que los hiere, porque bien sé que los kilómetros enseñan.


viernes, 18 de enero de 2013

El ser humano encaja


Las personas se adaptan. Por eso se caracteriza el ser humano, por su capacidad de adaptación. Se puede adaptar a cualquier situación, circunstancia, realidad... puede moldearse a su antojo para encajar en este o aquel puzle, ser esta pieza o esta otra, comportarse así o de otra manera. Pues no importa. Lo que importa es sobrevivir, da igual cómo.

No hay cosa que más me guste que contemplar cómo el ser humano se ha ido adaptando a lo largo de los siglos y de los siglos. Es gracioso, a la par que deprimente. Estimulante, a la par que denigrante. Interesante y también constante. Te puedes sentir identificado, o te puede producir enfado, ira, odio... incluso empatía. Me encanta contemplar lo que me rodea, acción-reacción, reciprocidad... todo tan automático que casi parece real. Una realidad orquestada por algún director loco que apunta con su batuta aquí y allá en un caos ordenado de movimientos que pocos comprenden. 

Adaptación, adaptación y más adaptación.
Y la mayoría sobrevivirá, pero ¿de qué manera?

Todas las piezas encajarán, aunque la oscuridad les rodee y les impida ver dónde meten su miembro húmedo y quejumbroso. Todo funcionará en un aparente orden contrapuesto a un aparente caos, ambos tan solo conceptos dibujados en nuestra mente, tan lejos de nosotros y aparentemente tan incomprensibles... aunque en el universo parece reinar el caos y tampoco está tan mal, al fin y al cabo allí no tienen contaminación, todo es puro

Cubículos vacíos en sus vidas y en sus mentes. Experimentan el sexo anal y se olvidan de que se pueden llenar de mierda. Pero no importa, el ser humano se adapta... para eso se inventaron los condones y los laxantes. 

 

jueves, 17 de enero de 2013

Resistir


Quizás lo peor que pueda haber en una noche oscura no es la oscuridad en sí, sino la certeza de que nadie está escuchando tus gritos. Aunque, en realidad, cuando me siento perdida, cuando mi mente flaquea, cuando mi ánimo se desploma... no veo las cosas impregnadas de oscuridad, más bien al revés, si me desplomo, es porque la luz me ciega, porque veo las cosas con demasiada claridad, porque me sobrepasa la verdad

Normalmente intento maquillar mi realidad de un modo que sea soportable a la vista. Prefiero creer ciertas cosas, aunque en realidad sepa que no son así. Intento encontrar una motivación "más allá" que me ayude a dar algún tipo de sentido a este sinsentido... en definitiva intento que lo que me rodea no sea tan despreciable. Pero hay veces que todos esos mecanismos de defensa se caen como un cuerpo sin huesos... y me quedo parada, muy quieta, observando la inquina que me rodea. 

Con toda claridad, en su mayor esplendor, la hipocresía me abofetea, la mentira me sodomiza, la desgana se apodera de mi... y el absurdo es lo único que me mantiene. La cordura intenta penetrar con fuerza en mi mente, me arrincona, me inmoviliza, me reduce... y me siento tentada, porque así sería todo mucho más fácil. Si todo fuera normal, si todo fuera tan simple... si no me empeñara en pintar la realidad con tales colores, si la aceptara sin más, todo sería muy fácil e incluso podría llegar a ser bastante más feliz.

 Pero justo en ese momento en el que tus miembros flaquean por el terrible esfuerzo, en el que tu corazón se acelera y te parte el pecho, en el que cada bocanada de aire son como mil puñales garganta abajo... es entonces cuando sacas fuerzas y recuerdas quién eres; cuando haces cuenta de lo poco que tienes y te dices, "me es suficiente"; cuando te desligas de todo aquello que te quieren hacer sentir y que no sientes... cuando miras tu realidad cara a cara y la vuelves a controlar, y te vuelves a controlar.

Me siento como un dique, un enorme dique que impide que todo esto arrolle todo aquello en lo que creo y que sé que nunca veré cumplido más allá de las paredes de mi cráneo... pero ayer recordé que me daba igual,  porque al menos en mi mente sí es real, en mi vida procuro y procuraré que sea real, y con eso me basta.

 En estos momentos de flaqueza en los que, o bien la realidad te impele, o bien quieres arrasar con tu ira todo aquello que desprecias y que te hace despreciar el sitio en el que vives y lo que eres, te das cuenta de que, aunque tengas bien poco, lo que tienes es muy grande, lo que tienes sabes que es verdadero... muy pocos de los que se dicen cuerdos podrían decir que tienen algo verdadero en sus vidas. Y sí, puedo ser muy desgraciada en casi todos los aspectos de mi miserable vida, pero puedo decir que al menos una pequeña y diminuta cosita en toda ella es cierta: él está ahí conmigo, él sabe lo que siento, sabe lo que soy y lo ama sin importarle nada más. 

Eso es más que suficiente para seguir aquí, para que el dique aguante, para hacer de esta realidad algo mejor, no por los demás, sino por él.