domingo, 29 de marzo de 2015

Entre signos de interrogación


Un impulso viejo le hacía seguir caminando en su reducida cochiquera con barrotes de preguntas sin respuestas. Sentía que no podía hacer otra cosa. Los barrotes repiqueteaban con música si los tocaba, y en ellos podía ver la vida aplastada o mutilada, glorificada, insignificante, absurda; cualquier definición era inútil y estúpida, como un niño malcriado que llora.
En realidad, nada le impedía colarse entre los signos de interrogación y escapar; pero eso carecía de sentido, y hacía que todo lo demás se volatilizara, aunque "volo" sea "quiero". Después de haber leído tantas veces aquellas grietas en la pared, el mundo exterior se le antojaba desordenado, caótico, falaz, ruin. Tan antiestético como el vómito en el suelo, tan poético, tan violento.
 
Allí, en aquel infecto rincón podía sentir la sangre rebotar contra los límites de su percepción... lejos de allí, más allá del humor vítreo de sus ojos, nada era real, nada era hermoso, nada tenía sentido...
Y nadie parecía entenderlo.
Morir cada día, con cada pregunta, le acercaba inexorablemente a la vida, la reafirmaba. La muerte le hacía sentir... y puede que solo fueran pinchazos en sus venas, un latido enfermo... pero aquellas preguntas, aquel impulso viejo... era lo único que hacía corpóreo su cuerpo. Sentir el pinchazo era sentir que estaba viva, que era fuerte, que no se rendía. Sentir el pinchazo era sentir la existencia.



martes, 17 de febrero de 2015

Tras ese telón opaco


El deseo de captar la oscuridad me torturaba.
Miraba a mi alrededor, pero de nada servía mirar si no lo hacía con otros ojos. Eso era lo difícil, y no intentar reconocer las figuras que se mueven tras las sombras, ponerles nombre... qué más da. Sólo son sombras.
Ahí en la oscuridad, tras ese telón opaco, estaba toda la belleza a la que aspiraba, pero qué complicado era bregar con tela tan pesada, qué difícil desprenderse de lo aprendido. Era como andar por un laberinto de esquinas afiladas. Y aún así, imposible apartar la vista. 
Las figuras reconocibles del mundo real se me antojan miserables, carentes de sentido, absurdas... Y eso que sólo veo sombras; sombras a la vuelta de cada esquina, sombras cuando abro los ojos, sombras cuando aprieto los párpados contra la cuenca vacía. Sombras. Y, sin embargo, de una belleza tal.... a la que ni siquiera puedo poner nombre. Me niego. Pues es esta nada reconfortante precisamente por eso: porque es "nada", no pertenece a nadie, ni siquiera a un concepto, mucho menos a mí.

jueves, 29 de enero de 2015

La prosa y la poesía



Disparó al vacío y sólo encontró el eco del silencio. Palabras mil y una veces repetidas que morirían con ella, que se esfumarían y que nadie recogería porque son inútiles. O al menos eso pensaba ese día. Tenía otra clase de palabras más grandilocuentes, pero que le hacían parecer enana. Se decidió por ellas. Una mujer bella nunca fue fácil de conquistar, y, reconozcámoslo, limpiar los sesos de la pared no era algo que quisiera legar a los suyos. Aún así, esa imagen vagó durante unos instantes por su mente, en cierta manera la veía como la expresión más brutal de la poesía... 
"Siempre he sido de novelas", se dijo, y así fue cómo la prosa de la vida la salvó de convertirse en arte.