
Al desnudo contemplo desde la ventana la noche sin luna. Pronto deja paso al alba que se despereza perezosa en el horizonte, el airecillo de la mañana me estremece.
Me giro y en la cama reposa un cuerpo enredado en sedas negras. Duerme boca abajo, su respiración es sosegada, tranquila... me inspira paz. Con una tímida sonrisa me acerco hasta él, me tumbo en la cama con suavidad, con temor de despertarle, y me acurruco a su lado...
Lo abrazo, pero sólo abrazo sedas.
Nunca una fosa fue tan suave.
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